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- Educación documental y formación de usuarios
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- B. escolares - B. Públicas
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La investigación en la mediateca escolar
El autor anima a profesores y alumnos a investigar desde la biblioteca escolar. Resume los pasos para desarrollar un proyecto de investigación en la mediateca de la escuela y narra la experiencia desarrollada con niños de 3º de Primaria que investigaron sobre distintos animales aprovechando las ventajas que les ofrecía la mediateca. Este tipo de trabajos permite acercar la investigación a los niños desde edades muy tempranas, familiarizándolos de un modo sencillo con la metodología científica y descubriéndoles las posibilidades que les puede brindar la biblioteca escolar. Introducción Partamos del hipotético e ilusionante caso de que nuestra mediateca escolar esté ya montada y cuente además con una variada riqueza de materiales y recursos. Para más regocijo, al frente de este pequeño y modesto centro de documentación escolar hay un equipo de bibliotecarios dispuestos a integrar la mediateca en el proyecto curricular y en la vida de la escuela, en estrecha colaboración con un claustro de profesores plenamente convencidos de las virtudes y posibilidades de este privilegiado centro de recursos para el aprendizaje. Muchas son las posibilidades didácticas y lúdicas de la mediateca –apoyo a las distintas áreas, promoción de la lectura y la escritura, dinamización sociocultural de la comunidad educativa…–, pero en esta ocasión nos detendremos a analizar cómo fomentar y planificar la investigación entre nuestras chicas y chicos. Para ello dividiremos nuestro texto en dos partes bien diferenciadas. Una primera en la que, tomando como base los materiales para la formación de la escuela del CAPES en documentación en Francia, explicaremos brevemente cómo plantear con sencillez un trabajo de investigación en la mediateca. Y una segunda en la que presentaremos una propuesta práctica llevada a cabo con niños y niñas de 8 y 9 años. Comienza el espectáculo Si queremos que nuestro trabajo de investigación sea auténtico y eficaz y aproveche todos los recursos de la mediateca escolar, tenemos que realizar una buena planificación que no deje ningún cabo suelto, aunque dando pie siempre a la improvisación y a las aportaciones de los chicos y chicas. - Definir un objetivo de búsqueda
- Preguntarnos sobre la materia de trabajo: intentar percibir los diferentes aspectos implicados al tiempo que delimitamos el tema.
- Definir el inicio, las condiciones de trabajo y el tiempo de que disponemos.
- Determinar si será trabajo en equipo o individual.
- Establecer las preferencias y competencias personales.
- Fijar el lugar de trabajo.
- Elección de la forma de comunicación al resto del grupo.
- Conocer los recursos a nuestro alcance
- Los diferentes tipo de documentos: originales, gráficos, audiovisuales...
- Los diversos centros de documentación, mediatecas, instituciones, etc.
- Búsqueda de la documentación
Para ello es necesario: - Traducir la materia objeto de búsqueda a palabras-clave.
- Consultar los ficheros. Decodificar la ficha.
- Dominar los sistemas de clasificación.
- Seleccionar los documentos
En función de los objetivos y de las condiciones establecidas en el primer punto. - El proceso de investigación
- Sobre los documentos escritos:
- Buscar la información: índices de los libros, obras de referencia, otras formas de localización de información (ej.: encontrar las bibliografías existentes sobre el tema, localizar las monografías...).
- Una vez ante los documentos, si son semejantes entre sí debemos leerlos rápidamente, eliminar la información que no nos sirve y analizar el resto.
- Seleccionar un libro entre otros, un capítulo entre otros, un documento entre otros en función de su facilidad de lectura, de su volumen, de su actualidad, de su autor y de su posible utilización posterior.
- Sobre los documentos iconográficos y audiovisuales. El tratamiento de estos documentos (gráficos, esquemas y mapas) exige:
- Su decodificación.
- La elección de los elementos más significativos.
- Reagruparlos alrededor de un concepto.
- Integrar aquello que se ha seleccionado en el trabajo final.
- Registrar los datos mediante: toma de notas, esquema, resumen, tabla de palabras, clave, relaciones. Todo ello sin perder de vista:
- Cuáles son los elementos más significativos. Las relaciones entre ellos.
- Que estamos realizando un proceso de tratamiento de la información (debemos rechazar las copias literales, sin nuevas aportaciones).
- La organización general.
- Elaboración y comunicación del nuevo documento
Elegir uno o varios tipos de realización: Exposición oral – Panel de exposición – Dossier – Maqueta – Montaje audiovisual – Debate – Bibliografía – Resumen – Cuestionario - Anuncio / Cartel – Presentación de estudio de casos – Presentación de una encuesta… El grupo que elabora el nuevo documento tendrá en cuenta en su concepción qué es lo que desea para el público oyente: informar – convencer– provocar – sensibilizar. - Evaluación
Del conocimiento adquirido, del trabajo terminado y del proceso de elaboración. - El nuevo documento se integra en la cadena de información
Para ello hay que registrarlo, clasificarlo y ponerlo a disposición del resto del alumnado del centro escolar. Manos a la obra Como decíamos en la introducción, vamos a presentar una modesta ejemplificación de lo que puede ser un trabajo de investigación con niñas y niños de 3º de Primaria aprovechando todos los fondos y recursos que nos ofrece la mediateca escolar. Aunque también al comienzo de este artículo hablábamos de la necesidad ineludible de planificar bien todo proceso investigativo, en esta ocasión el lector podrá comprobar que el origen de la actividad no estuvo en el desarrollo de una programación didáctica, sino que vino provocado por un acontecimiento inesperado que tanto los niños como el maestro estuvimos encantados en integrar en nuestro trabajo escolar. Y es que un 8 de enero las niñas y los niños de 3º A descubrieron alucinados que ¡los Reyes Magos les habían traído cinco mascotas! La suerte venía de cara porque ningún animal se repetía y así nos encontramos con la «urgente necesidad» de investigar qué comen, qué cuidados precisan, cómo se reproducen, de dónde proceden y cómo son una tortuga, una lombriz, un camaleón, un ratón y periquito. Comienza la odisea investigativa El barullo no hace falta describirlo, todos hablaban a la vez: ¿Qué nombres les pondremos? ¿Cómo haremos su casa para que estén cómodos? ¿Qué les daremos de comer? ¿Habrá que lavarlos y limpiar su rincón? ¿Quién se encargará de ello?... El maestro –cómplice sospechoso de sus Majestades – ya había intuido el regalo y por eso ya tenía preparado una herramienta fundamental para ir poniendo orden en tamaño desbarajuste: una plantilla dividida en tres secciones:¿Qué queremos saber? ¿Qué pensamos y ya sabemos? y ¿Qué vamos descubriendo? Una primera lluvia de ideas arroja un montón de contenidos para el primer apartado de nuestra tabla. Vamos anotándolos uno por uno. El maestro inquiere: «Pero seguro que ya sabéis algunas cosas sobre estos bichitos, ¿verdad?» Y los niños recogen el cizañoso guante y nos lo devuelven en forma de otro aluvión de conocimientos que también anotamos, aunque algunos de ellos son a priori incorrectos para algunos niños o para nosotros. Claro, el problema es que en nuestra ficha hay una mezcla mareante de datos y ya nadie sabe qué dato corresponde a cada animal. ¡Menos mal que a una espabilada se le ocurre la idea de hacer una plantilla para cada animal! ¡Bien, los chicos comienzan a sentir la necesidad de organizar la información! Y de este avance surge automáticamente otro: «Si hay cuatro mascotas –observa, agudo, Jon–, ¿por qué no dividimos la clase en cinco grupos y cada uno se encarga de investigar sobre su animal, recoge los datos y finalmente los expone al resto de compañeras y compañeros?» ¡Vaya con el chaval, este tendría que estar por lo menos en 6º! ¡Nos ha chafado la lección magistral sobre «Cómo hacer un trabajo de investigación»! Él solito ha deducido que tenemos que organizarnos, recoger información, registrarla por escrito y concluir con una puesta en común para que los demás se enriquezcan y queden embobados con la sabiduría del prójimo. Ponte el mono y a investigar Hasta aquí hemos jugado perfectamente el rol de científicos: tenemos el objeto de nuestro proyecto (el tema de la investigación), los interrogantes que queremos resolver, hemos formulado una serie de hipótesis basadas en nuestros conocimientos previos y su comprobación será uno de los motores (otros: curiosidad, necesidad vital de atender correctamente a los bichos…) que guíen y den sentido a nuestras pesquisas y, finalmente, estamos en disposición de proceder a la investigación. Sólo nos falta un detalle: decidir dónde podemos buscar: - Qué fuentes podemos consultar.
- Cuáles están a nuestro alcance en la mediateca: libros documentales, monografías, revistas, enciclopedias multimedia, videos, películas de cine, montajes de diapositivas, Internet…
- Cuáles podemos localizar fuera de la escuela:
- familia
- biblioteca y videoteca del hogar
- biblioteca pública
- profesionales relacionados con animales: veterinarios, biólogos…
- prensa, videoclub…
Cada grupo-mascota decide democráticamente el plan de trabajo, las distintas tareas y quién asumirá cada una de ellas. Se decide asimismo cómo se recogerá la información admitiéndose en principio todo tipo de procedimiento «técnico»: lápiz y papel, texto mecanografiado o informatizado, recorte de diarios o revistas, grabación sonora (entrevista a un especialista o dueño de mascotas como las nuestras), etc. Mi papel de maestro tiene que ser discreto, pero cercano de modo que perciban que son los protagonistas absolutos de todo el proceso, pero que en todo momento me sientan dispuesto a escucharles y a ayudarles. Hábilmente habré aprovechado ciertas horas libres para acudir a la mediateca y, con ayuda del mediatecario, ir preparando la visita de los niños al lugar, de modo que cuando lleguen ya haya ciertos materiales preparados para que los encuentren con cierta facilidad.
Mediateca: ¡allá vamos! Una vez en la mediateca reparto a los niños en cinco secciones, de modo que cada grupo pasará por todas ellas a lo largo de la visita: libros, audiovisuales, publicaciones periódicas, multimedias y páginas web. Cada grupo tenía un objetivo doble, que encaró plantilla inicial en mano: rechazar o corroborar los conceptos previos de los chicos, y ampliar nuestra información. Durante un buen rato las chicas y chicos estuvieron sumergidos en una frenética búsqueda de información y manejo de materiales y recursos. Finalmente, cuando vi que el volumen de material provechoso era suficiente, llamé a asamblea y entre todos sentimos la necesidad de dar un paso al frente, de avanzar en nuestros objetivos. Propuse darles unas sucintas indicaciones de cómo reflejar por escrito todo lo que habían recogido de cara a facilitar la ulterior exposición de los trabajos ante sus compañeros. Aceptaron gustosos y así pude hablarles de las partes del trabajo: portada con sus datos básicos, índice paginado con los capítulos y gráficos más significativos, información repartida en capítulos con epígrafes claros y elementales, unas pequeñas conclusiones finales –se acepta que sean formuladas en forma de cuadro esquemático– y una bibliografía con los principales materiales que hemos manejado durante la investigación.
De las fuentes al papel Los chicos se volvieron a reunir en sus grupos de trabajo y comenzaron a poner en común sus datos. En seguida sintieron la necesidad de utilizar para ello un gran panel en el que iban escribiendo toda la información y así evitaban las repeticiones y al mismo tiempo no eludían nada y podían ir agrupando los conceptos en ideas supraordinarias. Aunque alguno se atrevería a transcribir el resultado final al ordenador al fin hubo unanimidad: todos los grupos redactarían sus trabajos manualmente. Así sería más fácil también distribuir la información y desarrollar la parte gráfica con más soltura y creatividad.
Compartiendo conocimientos Llegó la hora de la verdad, la parte más esperada por el agudo evaluador que estaba ansioso de poder calificar a sus alumnos. Para dar mayor relieve a este penúltimo paso dispusimos la sala de usos múltiples para realizar las exposiciones y así poder contar con la presencia de «ciertas personalidades»: jefe de estudios, maestros del ciclo, representantes de cada clase de la etapa y de la AMPA. El acto fue brillante y estuvo lleno de emoción y nervios. No obstante tanto los adultos como los estudiantes de otras clases coincidieron en señalar que se había hecho una magnífica investigación y que la presentación de resultados había resultado amena y enriquecedora.
Conclusiones ¿Realmente necesita el lector que las extraigamos? No nos atrevemos porque sería dudar de sus capacidades intelectuales, de su cociente pedagógico y de su sensibilidad. Tan sólo animar a todos –maestros y estudiantes– a afrontar investigaciones similares porque el aluvión de conceptos, procedimientos y actitudes que se interiorizan es tal que hasta el inspector más puntilloso diría ¡chapeau! Kepa Osoro |