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Biblioteca escolar


 
 
 
 
 

 

 

Instalaciones y mobiliario de la biblioteca escolar

Todos convenimos en que las condiciones ambientales en las que realizamos nuestras tareas cotidianas son de gran importancia. El espacio, el mobiliario y las instalaciones en general condicionan en gran medida el desarrollo de nuestras actividades. En el ámbito escolar, es prioritario que en el Proyecto de Biblioteca se contemple una minuciosa planificación de todos estos aspectos materiales porque obviarlos induciría al fracaso inevitable de todas las estrategias de dinamización que se llevaran a cabo entre las cuatro paredes de la biblioteca.

Aunque parezca una simplificación excesiva, a la hora de planificar las condiciones ambientales y seleccionar el mobiliario de la biblioteca tendríamos que actuar con el mismo sentido común y la misma delicadeza con las que planificamos la decoración de nuestra casa: todos buscamos muebles ergonómicos, cómodos y agradable; procuramos que la iluminación, la ventilación y la climatización nos hagan la vida confortable; y organizamos todos nuestros utensilios de modo que nos resulte fácil su localización y manejo... Planteemos el diseño de la biblioteca dentro de las mismas coordenadas.

Con José Antonio Gómez, creemos que «una mejor distribución del espacio, una buena señalización y una organización clara de los documentos son inmediatamente percibidas por alumnos y profesores y contribuyen a que la biblioteca sea un espacio más atractivo y acogedor, en el que uno se puede orientar con facilidad y acceder libremente a los documentos» (1).

 

  1. Organización del espacio

La biblioteca escolar es mucho más que un conjunto de materiales y recursos al servicio del aprendizaj. Es también un lugar de encuentro, un espacio para la comunicación y el intercambio de experiencias y vivencias. Por tanto, habrá que distribuir los materiales y los espacios adaptando las recomendaciones especializadas al entorno escolar siguiendo criterios pedagógicos. No en vano, tanto los agentes que intervienen en todo el proceso como todos los elementos de la biblioteca deben contribuir decididamente a la consecución de los objetivos del proyecto.

Si realmente estamos convencidos de que la biblioteca tiene que ser el eje sobre el que gire el desarrollo del currículo escolar, tendremos que otorgarle también un lugar preponderante en la arquitectura escolar. Por tanto, el servicio de biblioteca deberá estar ubicado en un lugar fácilmente accesible desde todos los puntos del centro, y en caso de que sea utilizado también en horario extraescolar, deberá contar con un acceso directo desde la calle –lo cual facilitará también la llegada de los materiales, recursos y equipos.

El espacio destinado a la biblioteca será de exclusiva dedicación a este fin, evitando un doble uso que no haría sino entorpecer el normal desarrollo de todas las actividades.

La biblioteca escolar debe contar con espacio suficiente para que los usuarios puedan desarrollar con comodidad todas sus actividades, tanto las individuales como las grupales. Por tanto, los espacios serán diseñados con flexibilidad, para lo cual será imprescindible que el mobiliario tenga versatilidad y sea fácilmente movible. Por ello, se crearán diversas zonas: de lectura serena y silenciosa, de estudio y consulta, de audiovisuales, de manejo de las tecnologías avanzadas, de animación, de control y préstamo, etc.

Incluimos un ejemplo de plano de biblioteca en el que están contempladas algunas de las zonas que acabamos de citar. Obsérvese que se ha puesto especial cuidado en facilitar la circulación por el espacio.


Baró, M. y Mañá, T. (1996): Formarse para informarse. Madrid, Celeste / MEC.

Como decíamos al comienzo, el equipo de biblioteca velará con mimo por conseguir unas condiciones ambientales y físicas acogedoras y agradables. Para ello diseñará con minuciosidad tanto la decoración (en la que pueden intervenir, por un lado, los propios alumnos y, por otro, los profesores de Educación Plástica) como la distribución del mobiliario. En cuanto a éste, se buscarán objetos diversos que contribuyan a la creación de climas cálidos y a la separación de espacios (biombos, cortinas, cojines, colchonetas, etc.).

La iluminación, el color de las paredes, la decoración con plantas, la ventilación y la climatización serán planificadas con cuidado, buscando siempre la naturalidad y el equilibrio, huyendo de lo estridente y del «ruido» sensorial. En la medida de lo posible se procurará que la biblioteca esté aislada acústicamente de otros espacios contiguos que pudieran alterar sus condiciones ambientales.

 

  1. Equipamiento y mobiliario

El mobiliario y los equipos, por tanto, deben contribuir a las diversas funciones y servicios que se llevan a cabo dentro de la biblioteca. Estos podrían ser los espacios más importantes dentro de una biblioteca escola.:
 

  • Atención a los usuarios, préstamo e información: mostrador, espacio para el trabajo técnico, lugar para los equipos informáticos, tablones o paneles para anuncios, expositores.
  • Actividades de documentación: mesas para el trabajo personal de los alumnos, estanterías, expositores para revistas, ficheros, ordenadores e impresora.
  • Lectura recreativa: zona con mobiliario y ambiente acogedores que inviten a la lectura relajada (cojines, almohadones, pufs, colchonetas, butacas, etc.).
  • Zonas complementarias: sala anexa para trabajo colectivo, sala audiovisual, almacén y archivo, etc.


Jordi, C.: BCD+, mode d\'emploi. Nice, CRDP de Nice, Gallimard Jeunesse, 1994.

Habrá, al menos, el mobiliario suficiente para recibir a un grupo completo de alumnos dedicados a un trabajo colectivo. Las mesas de lectura para cuatro personas son las idóneas, ya que permiten realizar trabajos colectivos o tareas individuales, y pueden ser movidas con relativa facilidad para crear nuevos espacios y distribuciones.

Una condición básica para fomentar el hábito lector entre los alumnos y alumnas es permitirles un contacto directo con los libros. Esto supone eliminar todas las barreras, como, por ejemplo, las estanterías cerradas con llave o cualquier otro elemento que dificulte el acceso directo a la colección. El celo por «conservar» los documentos en buen estado puede conducir a que no se utilicen, lo que se contradice con la propia vocación de la biblioteca de difundir sus fondos.

Las estanterías –en la medida de lo posible con ruedas– serán preferiblemente metálicas, ya que no se deforman con los cambios de temperatura y son más higiénicas y lavables. Sus estantes o baldas serán móviles.

En una biblioteca escolar no deben instalarse estanterías de más de 1,80 m de altura. Cinco baldas por estantería, con una profundidad de 25 o 30 cm., será lo idóneo. Es importante no ocupar por completo el espacio de las baldas, para facilitar la incorporación de nuevos volúmenes; pero para evitar que los libros se caigan y deformen se incorporarán sujetalibros dispuestos en el estante mediante un sistema de carril o similar.

Habrá que proteger los materiales audiovisuales del polvo y otros elementos agresivos que podrían deteriorarlos, por lo que estarán colocados en armarios cerrados con cajones o gavetas, eso sí, siempre al alcance y fácil acceso de los usuarios.

Los ficheros –muebles en los que ubican los catálogos manuales en fichas– deben colocarse en un lugar accesible para los usuarios, pero evitando que su consulta dificulte la circulación dentro del espacio. Iguales consideraciones se tendrá respecto a los catálogos automatizados, cuyas terminales de consulta facilitarán el acceso autónomo de los usuarios a los fondos.

 

  1. El rincón de los pequeños

Los niños más pequeños deben encontrar en la biblioteca un rincón especial para ellos en el que hallarán un abanico variado y estimulante de materiales y recursos de lectura colocados a su alcance, con mesas y sillas de tamaño reducido y estanterías de un máximo de 1,30 m de altura. El espacio lo complementarán una alfombra con cojines, algún puf y una butaca baja y otros objetos que aporten al espacio calidez y comodidad.

Los materiales de lectura se colocarán de forma que mustren su cubierta cuando sea posible para hacerlos más atractivos. Para ello se contará con expositores o se adaptarán las estanterías mediante listones de madera en el borde externo. Cajones de madera o plástico con ruedas y en distintos colores servirán de complemento perfecto para mostrar las cubiertas de los libros.

 

(1) GÓMEZ HERNÁNDEZ, J. A. (1998): El proceso de organización de la biblioteca escolar: del modelo a la aplicación. Murcia, Universidad. Facultad de Ciencias de la Documentación. http://gti1.edu.um.es:8080/jgomez/bibedu/pautasorg/intro/instalac.htm


Bibliografía

El proceso de organización de la biblioteca escolar: del modelo a la aplicación
Gómez Hernández, J. A.
Universidad Facultad de Ciencias de la Documentación. Murcia. 1998
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