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Promoción de la lectura


 
 

 

 

Lectura: la aventura continúa

En la misma línea que el artículo «Lectura: comenzando a caminar», dirigido  a padres con hijos prelectores, el autor presenta ahora una serie de propuestas para padres y madres cuyos hijos estén aprendiendo a leer y escribir, a fin de que continúen fomentando el interés de sus hijos por la lectura. Las actividades de lectura y escritura que se mencionan pueden llevarse a cabo en casa o en cualquier otro lugar. Su principal objetivo es ayudar al niño a ejercitarse en la lectura de la forma más entretenida posible.

Introducción
Nos encontramos ya en otra galaxia diferente: la niña y el niño ya han tenido acceso al código escrito, lo controlan con mayor o menor autonomía y están empezando a ser realmente protagonistas de sus experiencias lectoras: ha terminado la Educación Infantil y la maestra ha logrado que todos sus alumnos se asomen a la puerta de la escuela primaria con una herramienta valiosísima en su equipaje: son capaces de decodificar el lenguaje gráfico de letras y palabras, y caminan por la selva del lenguaje sin demasiados deslices. Niño feliz, familia feliz y maestra orgullosa.

Pero queremos turbar un poco esa situación idílica: no, el aprendizaje lector no ha terminado. ¡Qué va! Todo lo contrario. Ahora viene lo bueno… ¡y lo malo! El auténtico aprendizaje lector comienza justo en el momento en el que el niño sabe que aquí dice: «Mi mamá me mima». Y mucho tendrán que seguir amándole padres y maestros para hacer que su futura travesía por el universo de las palabras sea gozosa, constructiva y provechosa.

La familia convertida en argumento literario
Un modo de contribuir a ese endulzamiento del triple salto mortal que el niño tendrá que dar cuando inicia su trayectoria por la escuela primaria, es partir de las situaciones, historias, anécdotas y tradiciones familiares. Cuando los padres narran a su hijo sus «batallas» están enriqueciendo su relación con él, le ayudan a descubrir que también hay lecturas que hablan de gente real y refuerzan su autoconcepto al convertirle en coprotagonista del texto. Al leer los acontecimientos familiares, «lo que les pasó un día a papá y mamá», el niño estará escuchando la voz de sus progenitores y sintiéndolos cercanos.
 

  • Construya con su hijo un «Libro de mi familia» en el que irán pegando fotografías, dibujos u objetos que posean un significado entrañable para todos. El niño irá escribiendo, con su ayuda, el pie de cada foto, expresando no sólo lo que se ve sino también lo que sintió en aquella circunstancia.
  • Invite al niño a contar sus recuerdos de días especiales (fiestas, cumpleaños, vacaciones…). Entre ambos pondrán los recuerdos por escrito.
  • Ahora le toca a usted: cuéntele cosas de cuando usted era pequeño, anécdotas de la escuela, cómo eran sus maestros, sus lecturas favoritas, a qué jugaba… Descúbrale pequeños secretos de sus hermanos, hermanas o amigos.

El hogar de las palabras
Es importante que rodeemos al niño de palabras, que en todos sus entornos –familiar, escolar, recreativo, social– encuentre posibilidades de interactuar con el lenguaje de un modo variado, estimulante y siempre positivo. Eso no quiere decir que defendamos la lectura recreativa, libre y lúdica como su única vía de aproximación al lenguaje: tendrá que realizar también lecturas obligatorias, de aprendizaje, o simplemente prácticas (para aprender a manejar un aparato o encontrar un dato en una guía telefónica), que no le resultarán divertidas y libres, pero sí enriquecedoras.
 

  • Desde que empieza a conocer las letras, el abecedario debe estar colgado en la pared de su cuarto en un póster que construirá el niño con la ayuda de sus padres, primando la creatividad, la fantasía y el colorido.
  • Vayan poniendo etiquetas con su nombre a los diversos objetos que habitan en el dormitorio de su hijo, en el baño, en la cocina.
  • Escriba la lista de la compra con ayuda del niño, pronunciando bien claritos los nombres de los productos, ayudándole en las palabrejas raras y procurando que el rato sea divertido y gratificante.
  • Sumérjanse en los periódicos y revistas con el niño en busca de palabras de todo tipo: largas (estantería) o cortas (); ruidosas (bocina, canción, taladradora) o silenciosas (noche, dormir); blancas (tiza, leche) o rojas (tomate, fresa); suaves (espuma, nata, pluma) o ásperas (roca, lima); alegres (amor, chiste) o tristes (pegar, matar)…
  • Recorte fotos y dibujos en los que aparezcan personas y juegue con su hijo a inventar la pequeña biografía de esa gente.
  • Recorte fotos de viviendas o lugares y juegue a imaginar quién puede vivir allí. Uniendo esta actividad con la anterior, ¿dónde viviría cada uno de los personajes?

A la lectura por la escritura
Si damos a los niños multitud de oportunidades de expresar por escrito sus pensamientos, sueños, fantasías, proyectos, etc. Les estaremos incitando a leer porque sus textos les llevarán a otros textos, sobre todo si somos pulcramente delicados cuando compartan sus producciones con nosotros: «Si papá y mamá disfrutan leyendo mis historias –se dirá el pequeño–, seguro que yo también lo pasaré pipa leyendo las cosas de los demás».

Claro que cuando el niño comienza a escribir los errores se concentran en una proporción del 99% por metro cuadrado. Si el pequeño tiende con mano emocionada y temblorosa su modesto escrito a sus padres y estos lo primero que dicen es: «¡Pero mira que eres bruto! ¡Abuela se escribe con b!», el infante –además de una enorme decepción– sentirá deseos de dejarse tragar por la tierra.

No se trata de alabar con desmesura todo lo que el niño escribe, pero seremos exquisitamente cuidadosos para ofrecer primero nuestro entusiasmo, valorando todo lo que de magistral tiene su obra, y más tarde, con guante de seda, le sugeriremos los posibles retoques para la próxima vez.
 

  • Pida a su niño que le enseñe su caja de los tesoros, esa en la que guarda sus objetos más queridos: invitaciones de cumpleaños de sus amigos, fotos de su ídolo, la entrada del cine al que fueron ustedes con él por primera vez, una piedra de colores brillantes… Sugiérale que le explique por qué ese objeto es tan especial. Finalmente le dirá: «¿Qué te parece si escribimos entre los dos el Álbum de los tesoros
  • Un truco estupendo para sembrar la casa de palabras: colocad una corchera en cada habitación de la casa para que quien lo desee pueda colgar en ella papeles con sus ocurrencias, recados, consejos, poemas, etc.
  • Si queremos que escriba y lea, papeles, lápices y libros estarán en cualquier rincón, no sólo en «el sitio adecuado»: en el baño, en la cocina, en el salón, en los dormitorios, en la terraza, en el garaje…
  • Mi libro de preguntas: cuando el niño está iniciando su camino por la escuela primaria suele bombardearnos con un infinito chaparrón de preguntas. Parece que de pronto tiene «diarrea curiosona» y nos asaetea con sus interrogantes. Sugiérale que vaya redactando su libro de preguntas. Para no olvidar ninguna duda, ayúdle a añadir sus propias ideas sobre la cuestión y a recoger nuestras respuestas.

Me gusta que me leas
Si a los niños les encanta que sus padres le regalen un rato de su preciado tiempo para poner voz a los cuentos, no menos ilusión les hace que tengan el deseo sincero y frecuente de escucharles cuando comienzan a leer. Esa escucha afectuosa les impulsa de un modo sorprendente en el desarrollo de sus habilidades lectoras.
 

  • Yo leo, tú lees, nosotros leemos: compartan la lectura siendo ambos protagonistas: tú lees una frase, yo la siguiente, tú disfrutas escuchándome, yo gozo con tus progresos.

Lecturas por correo
Para todos es una experiencia mágica recibir una carta inesperada o de alguien desconocido. Cuando el niño llega a casa y mamá le dice alegremente: «¡Sorpresa: ha llegado una carta para ti!», el muchacho se siente sorprendido y emocionado, y corre a abrir el sobre para descubrir quién se dirige a él por escrito.

Comienza a introducirse en el mundo de la comunicación interpersonal a distancia y a valorar lo fantástico que puede ser un texto que está escribo pensando exclusivamente en él. La lectura que realizará de la misiva será minuciosa, reconfortante y emotiva.

Hablar, escuchar, leer y escribir son los cuatro pilares que sustentan el edificio del lenguaje. Los cuatro interactúan en sí, se enriquecen y amplían el potencial expresivo y comunicativo de los demás. Por eso hay que darle al niño la oportunidad de vivir encuentros exuberantes con la palabra oral, la palabra literaria que se le regala en voz alta, la palabra que le permite expresarse y comunicarse... y con esa palabra sincera que alguien que le ama le dirige a él porque es como es.
 

  • Propóngale que escriba cartas a sus familiares y amigos y que lo haga con primor, poniendo lo mejor de sí mismo, contando sus vivencias y sus pensamientos.
  • Acostúmbrele a contestar con una carta sencilla a todos los detalles amorosos que recibe de amigos y familiares: cuando un amigo le llama para interesarse por su enfermedad, cuando la abuela le envía su tarta preferida, cuando el padrino le hace llegar un recuerdo de su último viaje, cuando el dentista le quite el dolor de muelas (¡eso, sí, haciéndole polvo!)…
  • Y pida a las personas que reciben las cartas de su hijo que le contesten por escrito. Le estarán dando una oportunidad espléndida de hacer una lectura motivante y que le llenará de felicidad.

Cocina literaria creativa
Todos sabemos lo apasionante que resulta para los niños colaborar con nosotros en la elaboración de algún plato culinario. Así que, pongámonos el delantal y el gorro de cocinero porque vamos a preparar un apetitoso manjar:

Cuentos de Andersen en lecho de fresas silvestres.

Caperucita Roja sumergida en mermelada de arándanos.

 Hansel y Gretel cubiertos de lágrimas de cocodrilo del Nilo.

Pinocho acurrucado en nido de abejaruco enamorado

En fin, vamos a inventarnos algunas exquisiteces en las que el principal ingrediente será la fantasía.
 

  • El niño irá anotando la receta en la que no olvidaremos ningún detalle: ingredientes, cantidades, proceso de elaboración, cómo se ha de servir, etc. Después, a medida que vayamos elaborando nuestro plato, nos irá describiendo paso por paso.
  • Démosle la oportunidad de elegir el menú del día. Seleccionará los platos, buscará las recetas en nuestro libro de Cocina de la Abuela y nos ayudará a elaborar todos los alimentos, lavando y mezclando ingredientes, adornando el plato y, faltaría más, fregando los cacharros.

Viajes literarios
La familia va a salir de viaje con ocasión de las vacaciones. Entre todos vamos a preparar cada detalle para que resulte una experiencia feliz: destino, equipaje necesario, objetos para el ocio (juegos, juguetes, lecturas), etc.
 

  • Invitamos a nuestro hijo a escribir una carta a la oficina de información y turismo pidiéndole folletos, carteles y demás publicaciones sobre los diferentes lugares por los que vamos a pasar. Si el viaje es el extranjero, podrá dirigirse a la embajada o consulado del país correspondiente.
  • Buscaremos en la biblioteca pública información (libraria, electrónica, audiovisual) sobre las poblaciones en las que realizaremos nuestras escalas y algún mapa para trazar el itinerario.
  • Nombramos al niño Redactor Jefe del Diario de Viajes: tendrá que ir anotando todos los pasos que vamos dando, las anécdotas más divertidas o espeluznantes, los lugares visitados, los ratos de ocio, las lecturas compartidas, etc.
  • Y, por supuesto, se encargará de escribir las postales que mandaremos a amigos y familiares como testimonio de nuestras andanzas viajeras.

Kepa Osoro