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Cuestiones generales


 

 

 

Selección de libros de ficción para jóvenes. Flexibilidad y respeto

Profesores y bibliotecarios deben orientar a los jóvenes en su elección de lecturas, sin imponer sus gustos personales ni dejarse llevar por criterios partidistas, ideológicos o editoriales. Según Osoro, la literatura juvenil no tiene que ofrecer modelos de conducta intachables, sino incorporar personajes creíbles que vivan problemas cercanos a la realidad del lector, así como abordar temas que sean de su interés. Es, por tanto, necesario conocer en profundidad a este público para poder realizar recomendaciones adecuadas.

Por Kepa Osoro Iturbe
Especialista en Bibliotecas escolares y lectura 

Consideramos que a partir de los 15 años –incluso nos inclinamos a decir que antes– los jóvenes deben tener libre acceso a la mal llamada literatura adulta. Somos de la opinión de que los límites entre esta literatura y la que en los últimos años se denomina Literatura Juvenil deben ser lo suficientemente flexibles como para evitar encasillar a los lectores potenciales en categorías estancas. No debemos hablar tanto de «libros para...» como de lectores entendidos y, en su caso, asesorados individualmente.

Sobre la conveniencia e incluso existencia de una Literatura Juvenil hay un apasionado y a veces agrio debate entre autores, profesores, especialistas y editores (debate del que, curiosamente, se suele dejar fuera a los lectores). Nuestra postura pretende ser conciliadora porque hay que defender, como hemos dicho, el derecho del individuo a ser considerado como un sujeto libre que accede con plenos derechos al mundo del libro. Él será, en última instancia, el que habrá de escoger. Nuestra obligación consistirá en poner ante sus ojos un abanico amplio y variado de posibilidades para que su elección sea realmente libre.

Es bueno que editores y autores produzcan libros pensados para jóvenes, pero siempre y cuando este alumbramiento no sea equiparable a una aséptica producción industrial. Desgraciadamente todos conocemos editoriales y autores que lanzan al mercado libros con la gestión de la producción en cadena. Y también estamos siendo testigos de la imparable manipulación del mercado que hacen determinadas campañas de marketing para que el lector se sienta «socialmente obligado» a adquirir el último manolito, ende o astérix, como quien adquiere el coche de moda o el perfume que «las seduce a todas».

El joven, a partir de esta edad, debe tener acceso a los clásicos, a la Literatura Juvenil moderna y a los autores de plena actualidad. El profesor y el bibliotecario deberán tener la preparación e inquietud suficientes para saber aconsejar y orientar sin imponer gustos personales ni manipular tendenciosamente autores o títulos por criterios partidistas, ideológicos o editoriales. Se limitarán a sugerir determinados títulos y autores que consideren emocionalmente que no deben faltar entre la oferta que se presenta ante los jóvenes lectores. Y decimos emocionalmente porque la sugerencia nacerá desde la pasión lectora, pero no desde el fundamentalismo que abanderan algunos al decir que «es imprescindible», casi «de vital importancia» leer determinados títulos o, más bien, adorar a ciertos autores. Y, ojo, no sólo narrativa: también poesía, ensayo, teatro, etc. Serán libros sugerentes, conmovedores, libros que hagan pensar y sentir. Sin más. Elija el lector, disfrute y, con toda libertad, discrepe de los gustos de los mediadores. 

Algunas reflexiones sobre la Literatura para Jóvenes

  • El placer de leer no es natural, pero sí la necesidad de soñar e imaginar.
  • Al entrar en la ESO se pasa de la lectura libre a la Literatura obligatoria y tal vez por ese motivo se deja de leer.
  • Las últimas encuestas hablan de que nuestros chavales de Primaria leen «una barbaridad», proporcionalmente mucho más incluso que los adultos. Pero algo sucede al pasar la barrera de la Secundaria porque al llegar a los 13-14 años los índices de lectura, no es que desciendan, sencillamente caen vertiginosamente en picado. Las causas son múltiples y no es éste el momento de analizarlas.
  • El adolescente necesita modelos, espejos, en los que reflejarse, ídolos con los que identificarse y que le ayuden a desinhibirse, a descargar adrenalina, y en quien poder verter sus confidencias más íntimas.
  • Comienza a adoptar una actitud de protesta o crítica frente al mundo adulto y a la disciplina que se le impone.
  • El joven entreteje vínculos afectivos vívidos, unas veces positivos (amor, ternura, amistad) y otras negativos (odio, rivalidad, celos).
  • Los afectos, los sentimientos, las emociones adquieren especial trascendencia.
  • La falta de comunicación con padres y demás adultos le hará refugiarse en sus iguales, ante los cuales desnudará su alma.
  • La resolución de sus problemas familiares se le antoja imposible por lo que se vuelca en la defensa de valores más universales como la paz, la justicia y la solidaridad.
  • Los temas problemáticos –drogas, paro, delincuencia, sexo– son un tabú para su entorno familiar y por eso bucea en busca de novelas que traten estas situaciones desde perspectivas realistas y asépticas.
  • Cuestiona las reglas morales convencionales en favor de sus propios criterios de conciencia.
  • Los nuevos modelos familiares –padres separados o ausentes, nuevo emparejamiento de los progenitores– crean en los adolescentes numerosos interrogantes.

Podríamos seguir señalando más y más aspectos, ya de la psicología de los adolescentes, ya de la realidad sociológica, que subrayarían nuestro argumento inicial: la Literatura Juvenil permite una identificación entre lector y personajes que sirven de terapia y de detonante de la creación literaria y de la experiencia lectora más auténtica y mágica.

Algunas características psicológicas de los lectores de 12-16 años
El adolescente comienza a pensar formalmente por sí mismo, empieza a formular abstracciones teóricas que le conducen a poner en duda los convencionalismos sociales en temas políticos, morales, religiosos, etc. porque va construyendo sus propios principios éticos. Se enfrenta mentalmente y, a veces incluso, visceralmente, con su entorno más próximo –familia y escuela– porque su sentido de la justicia está exacerbado, aunque indiscutiblemente es demasiado subjetivo.

Estos conflictos le provocan tensiones internas que muchas veces no sabe canalizar por su excesivo egocentrismo. Se agrava la falta de comunicación intergeneracional, pues el adolescente tiende a percibir a los adultos como «enemigos» que ni le respetan ni le dejan ser libre. Ante esta situación, su reafirmación y crecimiento interior le dirigen hacia la integración en el grupo de iguales entre los que tratará de hallar sus señas de identidad.

Pero como no siempre es fácil esta integración en el grupo –entre otras cosas, por problemas de horarios y rutinas–, el adolescente se encierra en sí mismo y busca otras vías de escape más «teóricas» y tal vez irreales: se apasiona locamente por determinados ídolos (cantantes, deportistas, famosos) con los que llega a establecer «contactos» mentales, emocionales e ideológicos.

Llegados a este punto, ¿no les parece a nuestros lectores que algún papel puede jugar la literatura en este maremagno de sentimientos y emociones? Hoy en día está muy de moda la llamada psicoliteratura –concepto que en absoluto compartimos–: parece como si cada libro que damos a los jóvenes tuviera que servirles para superar algún problema o eliminar algún trauma. Así, circulan por doquier listados de «libros para entender las separaciones familiares», «libros para vencer la anorexia», «libros para no drogarse», «libros para dar menos importancia al maltrato intrafamiliar»...

Una cosa es que los libros puedan ayudar al joven a entender mejor sus propios miedos, sus inseguridades, así como esos sentimientos y sensaciones nuevas –como el amor– que ahora brotan en su interior, y otra muy distinta que la lectura sea una panacea «liberadora». Insistimos en esta denuncia porque si pretendemos «aprovechar» los lazos que el adolescente teje con sus personajes literarios favoritos tendremos que hacerlo con humildad y sensibilidad, sin que él perciba el más mínimo atisbo de que queremos «curarle» de sus «defectos».

Es un error intentar adoctrinar en una ideología determinada por medio de unos personajes esquemáticos incapaces de mostrar la complejidad de la realidad. La Literatura para Jóvenes no debe ofrecer modelos de conducta intachables. Debe presentar personajes creíbles y coherentes; de diferentes cataduras morales –a veces contradictorios–; bien construidos; que muestren una evolución psicológica acorde con el desarrollo de la trama.

El lector juvenil está interesado por temas que le ayuden en: 

  • la búsqueda de su propia identidad;
  • el conocimiento del mundo y de los demás;
  • la formación de una filosofía de la vida;
  • plantearse problemas y responsabilidades sociales;
  • el entendimiento de sus emociones.

El joven desea libros en los que:

  • se le entienda y acepte como es;
  • se reflejen sus inquietudes;
  • pueda desarrollar su imaginación;
  • halle respuestas a las preguntas que no se atreve a plantear al adulto;
  • pueda gozar y disfrutar relajadamente;
  • el lenguaje sea literario, preciso y realista;
  • se clarifiquen situaciones problemáticas:
  • personales: búsqueda de la identidad, sentido de la vida y la muerte, autorrealización
  • sociales: convivencia familiar, convivencia en grupos, descubrimiento del amor, amistad, inconformismo, rechazo de convencionalismos, insolidaridad, violencia, delincuencia juvenil, consumismo, lucha contra las injusticias, racismo y xenofobia, igualdad entre los sexos...

Características de la narrativa que mejor se asimilan
Al mejorar la competencia lectora, le interesan los personajes con problemas como los suyos y las aventuras de pandillas en las que se proyecta, aunque también busca misterio, cuentos fantásticos y clásicos, cómics, biografías, deportes y juegos, pueblos lejanos, humor, animales reales o fantásticos, inventos, ciencia y experimentos para niños, incluso poesía que le hable de sentimientos (por ejemplo, de ese amor que comienza a sentir).

Acción, ambiente y caracteres vigorosos y dinámicos. No deben dejar en el niño dudas irresolubles. Frases no demasiado largas ni complejas. Se inicia el desarrollo de la conciencia social por lo que busca argumentos que contengan problemas humanos –sociales o políticos– y alterna las lecturas intimistas con la acción y la aventura.

Desde los 14 años, se perfilan los itinerarios individuales de lectura que el joven jalona de aquellos libros que le permiten reafirmar su personalidad. Como ya se indicó antes, el adolescente necesita modelos con los que identificarse. En la narrativa buscará soluciones a sus conflictos y respuestas a sus anhelos e interrogantes. 

Conclusiones
Resulta evidente, tras lo expuesto hasta aquí, que la selección es un proceso complejo y de gran trascendencia a la hora de dotar una biblioteca de aula o escolar porque en él está en juego la cimentación de los hábitos lectores. Por eso insistimos en la necesidad de conocer profunda e individualmente a los jóvenes, para lo cual debemos escucharles en busca de las claves que nos permitan afinar en nuestras recomendaciones –siempre exquisitamente respetuosas– de lectura y en nuestra selección, que inexcusablemente habrá de ser realizada por un equipo multidisciplinar y comprometido.

Conozcamos los libros y demás materiales de lectura, desconfiemos de los listados de libros «ideales», perfectos para todos y cuya no lectura es casi un sacrilegio. Confiemos en la vista, en la intuición. Pero vayamos más allá, no seamos frívolos ni adquiramos libros solo porque son bonitos.