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Propuestas didácticas para el desarrollo de la educación documental en Secundaria

Las autoras hacen un repaso de la terminología utilizada para fomentar el aprendizaje del uso de recursos de información. En Educación Secundaria uno de los objetivos es enseñar a los alumnos a utilizar este tipo de recursos como apoyo en su proceso aprendizaje. Se aplica a todos los niveles educativos, pero con más énfasis en los últimos cursos de la etapa obligatoria, con el objetivo final de que los jóvenes sean capaces de aprender por sí mismos a partir de unas necesidades informativas.

Por Teresa Mañà y Mònica Baró
Profesoras
Facultad de Biblioteconomía y Documentación
Universidad de Barcelona

La misma música con distinta letra

Este epígrafe, que más bien podría encabezar un texto sobre música, no es más que una manera metafórica de evidenciar la confusión terminológica que existe entorno al concepto: cuando hablamos de educación documental utilizamos distintas denominaciones aunque, más o menos, siempre hablamos de lo mismo. Así, este artículo sobre la ED (educación documental) podría haber tratado de la FU (formación de usuarios) o de la ALFIN (alfabetización en el uso de la información), y los conceptos básicos hubieran permanecido inalterables.

¿Por qué esta variedad de términos si todos se refieren a lo mismo? Aunque prácticamente sinónimos, existen diferencias de matiz que responden a la evolución cronológica del concepto. Si vamos al origen, hay que reconocer que fueron los bibliotecarios –mejor dicho los bibliotecarios estadounidenses que trabajaban en el campo de la educación superior– quienes, allá por los años setenta, iniciaron la reflexión sobre la necesidad de enseñar a sus usuarios a utilizar las bibliotecas y sus recursos: de ahí derivaron varios términos en función del nivel de instrucción que se impartía a los alumnos –library information, library instruction, bibliographic instruction– que en nuestro país se agruparon bajo el epígrafe genérico de «formación de usuarios». Este término designaba las actividades que la biblioteca realizaba para enseñar a los usuarios a utilizar provechosamente los recursos que se ponían a su alcance. Más adelante, esta necesidad traspasó las puertas de la biblioteca, y gracias a la reflexión de los docentes preocupados por los aprendizajes de sus alumnos, se instaló en las aulas la denominada «educación documental», cambio de denominación en paralelo al que se dio en otros ámbitos educativos (educación sexual, educación vial, educación para la salud). También en este caso, la finalidad radicaba en enseñar a los alumnos (antes usuarios) a utilizar los recursos documentales o informativos que tuvieran a disposición, ya fuera en el aula o en la biblioteca del centro.

Mientras en esas estábamos, a finales de los ochenta la ALA (American Library Association), asociación profesional de indiscutible prestigio, en una declaración sobre las competencias mínimas que deberían tener los individuos en el ámbito de las tecnologías de la información acuñó el concepto de information literacy, que ha tenido una enorme popularización y que en nuestro ámbito ha sido traducido de múltiples maneras, entre otras por «competencia informativa» o «competencia en el uso de la información», aunque todas ellas perdieron terreno frente a la generalización de una desafortunada traducción literal, «alfabetización informacional», que más bien debería haber sido alfabetización informativa. Este término define, según la ALA, «la capacidad de reconocer cuándo se necesita información y la habilidad para identificar, localizar, evaluar y usar eficazmente esta información.»1

Así pues, tanto da si hablamos de formación de usuarios, como de educación documental o de ALFIN (este sí es un acrónimo feliz). Primero pensábamos en los usuarios de la biblioteca, luego pusimos el énfasis en los alumnos y, finalmente, nos centramos en los ciudadanos. Primero creíamos que debíamos facilitar el uso de los recursos de la biblioteca, luego ampliamos el foco hasta abarcar la totalidad del proceso del trabajo intelectual y, finalmente, hemos determinado que de lo que se trata es de «aprender a aprender» para facilitar que cualquier persona realice su aprendizaje durante toda la vida. Hemos creado nuevos términos, hemos ampliado el concepto, pero la melodía sigue siendo la misma: aprender a usar la información de manera eficaz.

La educación documental en los procesos de aprendizaje

Por lo que a la Educación Secundaria se refiere, el objetivo esencial reside en conseguir que los estudiantes sean capaces de utilizar correctamente distintos tipos de recursos informativos e integrarlos en sus aprendizajes. Este dominio de las destrezas relacionadas con la búsqueda y recuperación de la información cobra mayor sentido en el entorno tecnológico en que nos hallamos inmersos y del cual los niños y jóvenes –es decir, los estudiantes– son los principales usuarios. Sin embargo, cualquier tipo de esfuerzo de incorporar la ED en el currículo pasa por un cambio metodológico en la manera de enseñar y por la incorporación real de las tecnologías en el proceso de aprendizaje, más allá de su mero uso instrumental. Ya en el citado informe de la American Library Association se reconocía la poca eficacia de los aprendizajes a través de los libros de textos, la memorización y los ejercicios y se recomendaba la substitución de este tipo de enseñanza por otros métodos basados en el uso de los recursos informativos y la resolución de cuestiones a través de la experiencia y la investigación. En concreto, el documento proponía un proceso de aprendizaje basado en la adquisición de las siguientes competencias:

  • Reconocer las necesidades de información.
  • Identificar cuál es la información necesaria para solucionar los problemas.
  • Encontrar la información necesaria y evaluarla.
  • Organizar la información.
  • Usar la información de manera eficaz en función de los problemas.

Estas fases basadas en las etapas del trabajo intelectual se han consolidado en diferentes modelos de aprendizaje, desde el pionero propuesto por Kulthau2, pasando por el difundido Big Six3 hasta el modelo PLUS (Purpose, Location, Use, Self-evaluation4), entre muchos otros. Otras aportaciones intentan establecer propuestas de trabajo que, a partir de estos procesos básicos, ponen énfasis en el papel que pueden desempeñar las bibliotecas en todo el recorrido5. Estos modelos pueden aplicarse a todos los niveles educativos, pero tienen especial relevancia en los últimos cursos de la educación obligatoria, cuando debe garantizarse que todos los futuros ciudadanos terminarán su escolaridad dotados de estas competencias, que luego podrán utilizar en el ámbito universitario, personal o profesional. Como hemos visto, se trata de aprender aprendiendo y, por ello, cuanto antes se incorporen estas competencias en el aprendizaje de los individuos mayor será su desarrollo.

Aprender a aprender

El cambio de método educativo al que antes aludíamos modifica la dirección docente tradicional: en lugar de transmitir conocimiento –sea por parte del profesor o del libro de texto– se tiende a facilitar la construcción de este conocimiento. La finalidad de toda formación debe ser que el alumno sea capaz de aprender por si mismo, conociendo los procesos de búsqueda, uso y valoración crítica de la información, pero es necesario también que sea capaz de ir más allá de la mera búsqueda y pueda construir significado y conocimiento. El proceso debe partir, ineludiblemente, de una necesidad informativa, que puede generarse en el aula, pero que puede responder también a los intereses de chicos y chicas, y para su correcta ejecución debe tener en cuenta la adquisición de distintas destrezas.6

Algunas de estas habilidades de aprendizaje tendrán un carácter individual, como el uso de las fuentes adecuadas o la valoración de los distintos puntos de vista que aportan dichas fuentes. Otras, sin embargo, reforzarán los aspectos cooperativos y harán posible la defensa de los propios puntos de vista y el ejercicio de la crítica constructiva, partiendo de la aceptación de las ideas ajenas y el reconocimiento de la diversidad. Otras habilidades inciden en el ámbito de la planificación como el establecimiento de los objetivos, la definición de los problemas que pretende resolver y el diseño de un plan de trabajo adecuado.

A estas destrezas transversales se suman las más específicas de los procesos de localización y recopilación de la información, a partir del uso de motores de búsqueda, catálogos de biblioteca, índices y fuentes bibliográficas y electrónicas. Chicos y chicas deberían ser capaces de integrarlas cuando utilizan distintos métodos para la generación de datos, como las encuestas, entrevistas, experimentos, observaciones y otros. Otras habilidades específicas remiten a la selección y valoración de la información, para lo que es imprescindible comprender y saber aplicar, entre otros, los criterios de relevancia, autoridad, actualización y veracidad, a partir de la consulta y comparación de la máxima variedad de recursos, lo que permitirá formular las hipótesis y conclusiones. También debería garantizarse que los chicos y chicas sabrán organizar la información, registrarla y reelaborarla correctamente, para lo que deberán ser capaces de sintetizar, citar y producir bibliografías completas y precisas, tomar notas, registrar la información y procesarla para su posterior uso, sabiendo utilizar en cada caso los recursos que la tecnología pone a su alcance. Las capacidades de integrar las informaciones a partir de formular inferencias y establecer conexiones con conocimientos previos para llegar a las conclusiones son imprescindibles para que los alumnos consigan un resultado positivo. A partir de este punto, se movilizan las habilidades de comunicación, puesto que saber comunicarse con claridad forma parte, también, de las destrezas necesarias para conseguir un resultado eficaz. Finalmente, es preciso dominar habilidades para la evaluación de resultados en función del cumplimiento de los objetivos y de la planificación prevista, así como establecer las mejoras posibles tanto en el proceso como en los resultados

¿Y las tecnologías?

Aunque la máxima «la información es poder» es tan antigua como el invento de la escritura, a finales del siglo XX la utopía de la democratización informativa parecía una realidad, dado que esta información podía estar al alcance de todos los individuos (al menos en nuestro mundo occidental). Bastaba con saber leer, derecho garantizado por la escuela universal y gratuita, y para acceder a la información se contaba con instituciones como la biblioteca pública. Sin embargo, la generalización de las tecnologías de la información ha revelado la existencia de desigualdades al acceso y uso de dichos recursos: lo que se ha denominado la «brecha digital», es decir, el peligro que las diferencias económicas comporten distintas posibilidades de acceso a los recursos tecnológicos y provoquen, por tanto, desigualdad social y limiten las oportunidades de crecimiento personal, social, cultural y económica.

Situados en este escenario, la ED de los alumnos en el uso de las TIC se convierte en ineludible. Pero en realidad, si nos circunscribimos al ámbito educativo, este no es el mayor de los problemas, puesto que niños y jóvenes son los que de manera más natural adquieren estas habilidades cuando disponen de los equipamientos necesarios y quienes presentan mayor familiaridad con los distintos recursos tecnológicos. El problema radica, más bien, en el uso que hacen de los múltiples recursos que las TIC les facilitan.

Una vez establecida esta ventaja «instrumental», los problemas de fondo siguen siendo los mismos. Aunque ellos saben utilizar con más desenvoltura las posibilidades de Internet, no saben utilizarlas mejor ni conocen las aplicaciones útiles para mejorar sus aprendizajes. ¿Como convencer a un alumno que existen mejores métodos de consulta en la red que el omnipresente Google? ¿Cómo demostrarle que mucha de la información que encuentra no es fiable ni actual? ¿Por qué no empezar la elaboración de un tema comentando con ellos la lista de fuentes que consultarían?

Umberto Eco, en un divertido articulo titulado provocativamente Como copiar de Internet?7 ponía como muestra del desastre la consulta de Wikipedia donde se daban informaciones erróneas sobre su propia obra y persona. Esta experiencia le llevaba a considerar que la escuela debía incorporar, sin más dilación, como nueva materia fundamental la selección de las informaciones de Internet para evitar el manejo de datos erróneos y, lo que es peor, su conversión en conocimiento.

Más allá de la ironía con la que Eco acostumbra a poner de manifiesto sus argumentos, este articulo nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre qué enseñamos a nuestros alumnos con relación a Internet y cómo lo enseñamos. Si partimos de una de las máximas del aprendizaje como es la necesidad de motivación o el interés por aprender aquello que nos interesa, es bien cierto que para tener unas ciertas garantías de éxito todo lo que nos proponemos que aprendan los alumnos debería tener en cuenta sus intereses. Si tomamos como punto de partida de sus búsquedas temas como los deportes, la música moderna, los movimientos juveniles, la moda, los cómics o aquellos temas que los alumnos puedan proponer –por arriesgado que ello sea–, podemos igualmente trabajar los instrumentos de búsqueda –dónde y cómo encuentro la información más pertinente sobre el tema, quién me proporciona una información más completa, más fiable, más actual– y dotar a los estudiantes de habilidades para usar la información de manera discriminada y útil.

Buscar información es quizás la aplicación más utilizada por los alumnos en relación a las tareas escolares, pero no deja de ser sólo una parte de todo el potencial que tiene la red (y de todo lo que ellos saben hacer) y que podemos aprovechar para mejorar e interesar al alumnado en los contenidos. Las aplicaciones educativas de la red pueden ser muchas: crear blogs y páginas web para dar a conocer un proyecto, elaborar WebQuests que suponen la utilización y comprensión de la información, trabajar en grupo a través de chats y correo electrónico que fomentan el intercambio y el trabajo en equipo, utilizar programas de autoaprendizaje que permiten avanzar a distintos niveles, aprender con programas y juegos de simulaciones, conocer las aplicaciones para la mejora de su trabajo escolar -los traductores automáticos, los correctores.... Pero aún así, un correcto uso de Internet no garantiza un resultado de calidad, puesto que existen otras fuentes de información y de conocimiento.

El papel de la biblioteca

Por ello, como bien expresaba la profesora Kuhltau, «la biblioteca es clave para aprender a aprender en un entorno tecnológico rico en información».8 La tecnología (léase Internet) ha permitido disponer de una abundancia de recursos informativos que a diferencia del libro de texto o de otros materiales de los cuales pueden disponer los alumnos en las bibliotecas de sus centros (o públicas o universitarias) no se halla seleccionado ni organizado. Sin embargo, si nuestro objetivo es conseguir personas competentes en el uso de la información no podemos limitarnos a los procesos de búsqueda, sino que debemos ampliar a los de uso. El bibliotecario se convierte en el instrumento esencial para trabajar «la capacidad de orientar a los estudiantes en el proceso de la búsqueda, en el proceso de aprender de una variedad de fuentes de información y en el de aprender a construir significado».

Este aprendizaje –la conversión de la información en conocimiento– requiere disponer de una biblioteca bien dotada y bien organizada, que se convierte así en un recurso esencial para el aprendizaje. No en vano, la teorización del proceso parte del ámbito anglosajón, donde los centros educativos de todos los niveles cuentan con excelentes bibliotecas y cuyo sistema educativo favorece el aprendizaje ante la mera transmisión de contenidos. Estos centros disponen de verdaderos programas de aprendizaje, que distribuyen en una secuencia lógica los objetivos, conceptos y procedimientos a cubrir a lo largo de un ciclo educativo, como si de cualquier otro programa se tratase.9 Esta programación requiere la implicación de profesores y bibliotecarios: el bibliotecario y el docente deben formar un equipo en el que el profesor es el experto en contenidos y en la metodología y el bibliotecario lo es en todo lo relacionado con los recursos.

Para el éxito de un programa de educación documental, se precisa no sólo una biblioteca en condiciones y un bibliotecario a quien se le reconozca su función, sino también el apoyo constante por parte del profesorado. La responsabilidad de que los chicos y chicas adquieran las competencias necesarias para aprender a lo largo de toda su vida es de toda la comunidad educativa.

 

(1) American Library Association. Presidential Committee on Information Literacy (1989). http://www.ala.org/ala/acrl/acrlpubs/whitepapers/presidential.htm. Traducido al español por Jesús Cortes (2000) en: http://bivir.uacj.mx/dhi/DoctosNacioInter/Reporte_ALA.pdf. Todas las consultas de este artículo se han realizado el 20 de mayo 2007.
(2) Carol C. Kuhlthau. Facilitating Information Seeking Through Cognitive Modeling of the Search Process. Atlanta: American Society for Information Science, 1988. Esta y muchas otras referencias pueden consultarse en su página personal: http://www.scils.rutgers.edu/~kuhlthau/index.html  
(3) Mike Eisenberg; Bob Berkowitz. The Big6: Information Skills for Student Achievement. Big6 Associates, 2001-2005. http://www.big6.com
(4) James Herring. The PLUS model. Puede consultarse un ejemplo de aplicación en: Scottish Executive Education Department (SEED) http://www.ltscotland.org.uk/5to14/specialfocus/informationskills/resources.asp
(5) Mònica Baró;Teresa Mañà. «Formarse para informarse: la formación de usuarios infantiles en la búsqueda documental». Aula de Innovación Educativa, núm 43, julio 1995, p. 54-57. Disponible en: http://bidoc.ub.es/pub/bescolar/docs/formarse.pdf
(6) Las destrezas que exponemos son resumen del apartado dedicado a este aspecto en: IFLA. Sección de bibliotecas escolares.Directrices de la IFLA/UNESCO para la biblioteca escolar (2002) http://www.ifla.org/VII/s11/pubs/sguide02-s.pdf
(7) Artículo publicado en la sección «La bustina di Minerva di Umberto Eco» del semanario L’Espresso (9 de enero de 2006): http://www.espressonline.it/. Traducido y divulgado en catalán por Oriol Ponsatí en: http://www.terricabras-filosofia.info  
(8) Carol Kulthau. El rediseño de las Bibliotecas Escolares en la Era Informática. Congreso Internacional de la Asociación de Bibliotecas Escolares (2001).Este texto y otros recursos sobre el uso de las tecnologías de la informacion y la comunicacion en la enseñanza básica pueden consultarse en el portal colombiano Eduteka http://www.eduteka.org/
(9) Como ejemplo de pautas generales véase: Mònica Baró; Teresa Mañà. «El uso de la información. Pautas de programación para la formación del usuario de la biblioteca escolar», Textos de Didáctica de la Lengua y de la Literatura, 1, julio 1994. p.131-137. Disponible en: http://bidoc.ub.es/pub/bescolar/docs/uso_info.pdf