Su navegador no soporta Javascript.
    QUÉ ES     EQUIPO     MAPA       
Documentos
flecha_blanca Índice de autores y artículos
flecha_blanca Lectura y lectores
flecha_blanca Promoción de la lectura
flecha_blanca Biblioteca escolar
flecha_blanca Bibliografía


  MIS DOCUMENTOS     ¿No está registrado? Añadir a Mis documentos Imprimir

Biblioteca escolar


 
 
 

 

 

La oferta literaria para Bachillerato: selección de obras

Los jóvenes de hoy recomiendan y eligen sus lecturas en chats o blogs. Las preferencias pueden abarcar cualquier género y no ser sólo obras de entretenimiento. A la hora de seleccionarlas apuestan por aquellas que les satisfacen y amplían su imaginación pero no les suponen un gran esfuerzo. Por lo tanto, para elegir obras capaces de reavivar el interés de estos lectores, hay que tener en cuenta los temas que prefieren y las lecturas que se intercambian en ese tipo de foros.

Por Pablo Barrena
Escritor, crítico literario 
Coordinador de la RED de Selección de libros infantiles y juveniles 
Especialista en Literatura infantil y juvenil

En el artículo complementario de éste, en PLEC-Secundaria (Ver Biblioteca escolar > Los fondos), se hallan criterios y referencias editoriales sobre la selección de obras literarias dirigidas a los adolescentes. Para alumnos de Bachillerato se puede ofrecer una literatura juvenil basada en las mismas pautas y colecciones, pero con más complejidad estructural, formal y temática en las obras, aproximándose así a la literatura de adultos, o, en casos de lectores avanzados, para que disciernan lo que puede interesarles de una y otra, pues en la juvenil se dan obras de una calidad comparable a algunas de nivel medio, e incluso alto, de la general. Aquí, además, se consideran estas cuestiones: antecedentes de la literatura juvenil contemporánea; recepción de la clásica juvenil y de la actual; escritores provenientes de la literatura general y de la enseñanza; y tendencias actuales encaminadas a realizar selecciones de obras a partir de la oferta editorial.

Antecedentes de la LJA

Se pueden señalar obras que han interesado a los jóvenes, desde la antigüedad hasta el presente. Primero fueron, entre otras, las andanzas de Ulises, amores de Dafnis y Cloe, Metamorfosis de Ovidio, canciones de gesta, versos de trovadores, apólogos del Conde Lucanor, romances y libros de caballerías. Luego llegaron las creaciones de Swift, Defoe, Mary Shelley, Verne, Stevenson, Poe, Kipling, London, Conan Doyle, Lovecraft, Fournier, Hesse…; cuentos de Bécquer, Quiroga, Varela, Alarcón; novelas de Baroja... Muchas de unas y otras permanecen, del mismo modo que las novelas juveniles posteriores a la Segunda Guerra Mundial: El Señor de los Anillos, El guardián entre el centeno (habría que incluir Nueve cuentos, del mismo autor), La soledad del corredor de fondo, Fahrenheit 451, Diario de Ana Frank, El señor de las moscas, La Perla de Steinbeck... A partir de estas últimas narraciones, y en menor medida de las clásicas, surge en los años sesenta del pasado siglo lo que enseguida se denominó Literatura para Jóvenes Adultos (sin poesía ni teatro); es decir, un nuevo género o modalidad literaria, lo que ahora, en un uso preferido a la denominación inicial, se llama Literatura Juvenil Actual (LJA). Para determinados críticos de aquella época, el establecimiento del nuevo género, al que de inmediato tacharon de literatura-reportaje y meramente testimonial y moralizadora, se debía a que los países desarrollados iniciaban entonces la sociedad de consumo, y buena parte de los adolescentes, por primera vez en la historia, tenían autonomía económica para comprar libros concebidos para ellos, al igual que discos y ropa. Una opinión contraria se centró en señalar que los jóvenes anhelaban tener protagonismo social, actitudes críticas y libertades que no habían tenido antes, para realizar por sí mismos los descubrimientos vitales, a través de sentir empatía por los protagonistas de la nueva literatura. La composición ligera y sencilla, al estilo de Rebeldes (Alfaguara, 1985-2007), de S. E. Hinton, editada en 1967 y considerada como una importante referencia del nuevo género, ha servido y sirve de modelo a multitud de escritores de LJA. Pero otros elaboran sus obras siguiendo distintas normas y tradiciones, más acordes con la gran literatura, caso de Michel Tournier con Viernes o la vida salvaje, en 1971 (Noguer, 1996), recreación para el lector juvenil de la notable narración Viernes o los limbos del Pacífico, y de Daniel Keyes, cuya interesante y reveladora novela de 1966 Flores para Algernon (SM, 2006) proviene de una historia corta que inventó en 1959, novela, por lo demás, similar en algún sentido (tipo de personaje difícil y raro) a la muy exitosa El curioso incidente del perro a medianoche (Salamandra, 2004), de Mark Haddon.

Recepción de los clásicos juveniles y de la LJA

Una parte de los mediadores, en el espacio del Bachillerato, mantiene el rechazo a la LJ actual fijado en los años sesenta, quizá siguiendo la idea ya superada de que no puede existir una literatura específica para este tramo de edad. Eluden así el problema de cómo ganarles para la literatura, sin percatarse de que a los adolescentes españoles les gusta más esta literatura que la canónica y la general, entre otras causas porque apenas existe tradición de leer los libros clásicos juveniles (los leyeron y los leen una minoría) y porque es muy reciente la afición generalizada por la lectura, al igual que lo es el acceso a los estudios de enseñanza media y superior. El contraste de los datos sobre hábitos de lectura referidos al presente y al pasado cercano y el estado educativo de la población muestran el fundamento de estas observaciones (ver el artículo citado de PLEC-Secundaria). Contribuye también a tal fin conocer que a partir de los años ochenta (y no antes) se comenzó a difundir en extenso, en el ámbito escolar y familiar, la literatura infantil y, en consecuencia, desde entonces los adolescentes de las nuevas generaciones pasan fácilmente de esa literatura a la correlativa dirigida a ellos, que en arte literario es un grado menor que la dirigida a los adultos, pero no en todos los casos, como se ha dicho antes. Sucede por otro lado que los jóvenes, al no existir una sólida tradición lectora, y menos aún de la literatura juvenil clásica, que genere un horizonte de expectativas, y al carecer de cauces y sistemas de información, eligen sus propias lecturas mediante el consenso vía SMS, chats, blogs, páginas web, etcétera. Sin embargo, aunque con esas prácticas se alejan de cualquier canon, sus lecturas, como se puede pensar, no son meramente de entretenimiento, pues un porcentaje de ellos, sumados los que se podrían determinar como buenos lectores y los que tienden a serlo, se interesan por toda clase de géneros y calidades literarias, según sean las capacidades e inclinaciones personales. De modo que, basándonos en lo anteriormente dicho, cabe reflejar la recepción de LJA en los puntos siguientes:

  • La leen bastante los adolescentes, pero muchos mediadores no la consideran alta literatura, valoración que podría cambiar si la comparan con la general. Carlos Ruiz Zafón, por ejemplo, comenzó su carrera con obras dirigidas a un público juvenil (Edebé) apenas distantes en expresión y concepción de las que con éxito pleno factura actualmente.
  • Contribuye a mejorar la práctica de lectura literaria al tiempo que refuerza la enseñanza de la literatura y facilita el estudio de las otras asignaturas.
  • Su lectura, bien de obras de consumo o bien de calidad contrastada, ayuda a madurar al lector en cuanto en tanto la asimila, bien sea individualmente, bien sea en comentario-debate con los compañeros sobre la trama, las figuras, el lenguaje, la composición, la técnica narrativa... Desarrolla la capacidad para contar y analizar las vivencias propias.
  • Leídas con afición previa, estimulada o adquirida por propia inclinación, las narraciones juveniles clásicas, preferentemente las más sugerentes, contribuyen a mejorar la valoración y disfrute de la LJA.

Tales razones cobran significado pleno cuando la LJA tiene una notable presencia entre los jóvenes y avanza en el ámbito escolar, siendo entonces importante entre sus aficiones, aunque, como señalan los estudios sobre hábitos sociales de la juventud, no suele ser prioritaria en los momentos de ocio, algo que se ha de comprender si no se desea ir contracorriente: el libro ha dejado de ser el centro del saber, el conocer y la información y nunca lo fue de la diversión compartida.

Autores de literatura general y profesores en LJA

Una de las vertientes creativas más destacadas de esta modalidad literaria es que importantes escritores españoles y foráneos de literatura general elaboran, a veces, obras dirigidas al público juvenil. Entre los de aquí, son de señalar, entre otros, Juan José Millás, José María Merino, Juan Madrid, Bernardo Atxaga, Emili Teixidor, Espido Freire, Lorenzo Silva, Andreu Martín, Jesús Ferrero, Care Santos, Gustavo Martín Garzo, Muñoz Puelles y tantos más. A su vez, algunos escritores extranjeros con obra traducida en este campo son Joyce Carol Oates, Henning Mankel, Amos Oz, Carmen Boullosa, Peter Härtling y Pablo de Santis. Unos y otros aportan obras recientes y de creación más antigua, recogidas en catálogos y en medios de información, como la página de Servicio de Orientación de Lectura: www.sol-e.com.

Igual ocurre con los profesores que son creadores literarios, numerosos en España desde que la LJA ha cobrado importancia social y escolar. Por poner ejemplos destacados, que vienen aportando interesantes obras, están Eliacer Cansino (El paraguas poético, Everest), José Antonio Ramírez (El cuerno de Maltea, Alfaguara), Ana Alcolea (Donde aprenden a volar las gaviotas, Anaya), Marilar Aleixandre (Calle Carbón, SM), José Ramón Ayllón (Palabras en la arena, Palabra), Jesús Carazo (La boda del tío César, Acento), Xosé Antonio Neira (La estrella de siete puntas, Anaya) y otros más.

Parte de este tipo de material se encuentra en el artículo mencionado, pues numerosas obras y autores referidos en Secundaria pueden ser incluidos en el presente artículo, por ejemplo: Cielo abajo (Anaya), de Fernando Marías, y Leyendas de los Otori (Alfaguara), de Lian Hearn Ahora se trata de ver tendencias de la producción literaria, de modo que puedan servir de cauces para hacer selecciones en relación con las características del receptor, su formación, inclinaciones y capacidades.

Tendencias de la LJA

Hace unos años, el realismo y sus derivados –novela de misterio, aventuras, historia, humor, policíaca– dominaban las tendencias, pero ahora parece ocupar ese lugar la fantasía, aunque la moda venga impuesta por la publicidad más que por la práctica común de los lectores de estas edades.

La fantasía –fabulación mítica, leyendas recreadas y mixtificación esotérica mezcladas entre sí y con otras materias– resulta estimulante para los lectores y sirve como fórmula para obtener el éxito editorial mediante obras con criaturas prodigiosas, entre ellas vampiros y entes de terror fantástico. La puerta oscura. El viajero (SM, 2008), de David Lozano, es un ejemplo de esta clase de literatura juvenil. Lozano ha elaborado su historia a partir de recursos que provienen del cómic, los videojuegos y los mitos clásicos, pintando un convincente espacio tenebroso del más allá y un París reconocible, dos mundos contrapuestos y que se alternan en un trepidante progreso, con enfrentamientos entre espíritus perversos y seres humanos. Otro tipo de invención fantástica ocurre con Certificado C99+ (La Galera, 2008), suma de inquietantes historias inventadas por Lluís Hernàndez i Sonali, que en forma de fantasía científica presenta la funesta posibilidad de que algún día se conozca la fecha final de cada ciudadano. En línea similar, con enfoques más tradicionales, están ciertos autores de tramas de terror fantástico, tal que José María Latorre, cuya obra publican varias editoriales –Alfaguara, Bruño, Edebé, SM y otras–, siempre dentro de un sistema compositivo y una ambientación llenos de argucias de eficacia confirmada, por ejemplo en La profecía del Abad Negro (Alfaguara, 2006). Y para lectores muy hechos a la fantasy es preciso comentar, aunque sea de paso, que la editorial Timun Mas lleva decenios, desde mucho tiempo antes de la moda establecida, publicando grandes colecciones y series con toda clase de atractivos para el aficionado. Son sagas y relatos, con épica espacial, poderes siniestros, elfos, reinos enfrentados, eras oscuras, hordas del caos.

Por el lado del realismo y sus muchas variantes, el proceso de maduración –psicológica, sexual, social– es uno de los tópicos de la literatura juvenil que más atrae a los lectores. Así se da en El final de la inocencia (Siruela, 2008), de la sudafricana Linzi Glass, que ha descrito con realismo veraz las graves consecuencias del egoísmo y la inconsecuencia de los padres y la crueldad del apartheid (que hace pensar en algunos trances de la inmigración), visto todo ello por Emily, una jovencita horrorizada ante lo que ve. También, con el trasfondo histórico del exterminio de los judíos, merece atención Algo queda (Edebé, 2007), cuya autora, Inge Barth-Grözinger, que ha recopilado la memoria de un pequeño pueblo alemán donde la familia de Erich Levi sufrió el nacimiento del drama, hasta que en 1938 escaparon, para volver él en 1945, ya como soldado norteamericano. Son dos modelos de narrativa comprometida que hacen reflexionar sobre la condición humana y el lugar que ocupan los adolescentes cuando los hechos se vuelven ásperos y terriblemente incomprensible la vida.

Tienen un fuerte imán para el receptor las narraciones realistas con personajes bien definidos y de proceder sintomático de comportamientos generacionales. En LJA abundan tales obras, pero pocas destacan en la configuración de caracteres como en Los chicos de diciembre (SM, 2007). Michael Noonan compuso en 1963 este clásico de la literatura juvenil australiana, y lo hizo con penetrante finura al configurar a un grupo de huérfanos desatados y un colectivo de adultos muy pintorescos. Es una obra singular, dentro de un marco de humor, al igual que la feroz comedia de ambientación medieval, Mimus (Anaya, 2007), de Lilli Thal. Esta expresión de jocosa maldad presenta la venganza de un bufón extremadamente perverso y el tragicómico sufrimiento de su aprendiz, un príncipe sometido precisamente por el rey que esclaviza al bufón. Es una lección sobre el poder tirano, la libertad y la alborotada contradicción e inagotable compasión de los humanos.

Con buena composición y buena ambientación, indicios claros de una buena novela, también atrapan las literaturas de otras materias, tal que las de narración histórica, como se puede calificar Caballeros de Malta (Edebé, 2007), de Elia Barceló, con acción bélica, asuntos de amor y rivalidades durante el asedio a la isla por Solimán el Magnífico; y la novela testimonial como El juramento de los Centenera (Edelvives, 2007), de Lydia Carreras de Sousa, una mirada a la amarga emigración española a comienzos del siglo XX. O la de aventuras, estilo La venganza de los museilines (Bruño, 2007), de Francisco Díaz Valladares, que pone en bien documentado escenario la peripecia de una chica española secuestrada por nómadas jordanos.

La prosa cuidada seduce al lector tanto o más que otros rasgos literarios, siempre que no sean formas muy elevadas, de arduo descifrar. La armonía expresiva y la habilidad con las palabras pueden ser polo de atracción, tal que en las respectivas novelas, mezcla de géneros, de Gonzalo Moure, Yo, que maté de melancolía al pirata Francis Drake (Biblioteca Media de Alianza Editorial, 2005), de Xavier P. Docampo, La llave maestra (Algar, 2005) y de Juan Cruz Iguerabide, Volver a Bosnia (Everest, 2005).

Estos autores y otros que trabajan cuidadosamente el idioma aparecen entre los más aceptados por los lectores, y debería suceder igual con las buenas obras bien traducidas, caso de la excelente y angustiosa novela de compromiso social Zapatos de tacón (SM, 2007), de la brasileña Lygia Boyunga (premio Andersen, el Nobel de la literatura infantil y juvenil, en 1982). Es la dura historia de una niña y de las personas de su entorno: violaciones, prostitución, calamidades muestran unas realidades no tan infrecuentes en la sociedad española y europea.

Ideas sobre la selección de obras

La mayoría de los jóvenes prefieren adquirir el saber que proporciona la literatura no a través del esfuerzo sino del gozo, la imaginación contagiosa y la evasión. A tenor de esta circunstancia y del necesario ejercicio de prescribir lecturas, el foco de interés del mediador de lectura literaria en el Bachillerato está en sentirse concernido respecto a dos preguntas cruciales y a la clara respuesta a ambas:

  • ¿Para qué sirve leer literatura?
  • ¿Cómo implicar al alumno en la lectura literaria?
  • En compartir lecturas andan las soluciones

Por tanto, pensando en esa mayoría, ha de considerarse lo siguiente:

  • Los temas que prefieren, el atractivo de la cubierta, el interés respecto al autor y si la obra está de moda o puede estarlo.
  • La recomendación de lecturas de los compañeros, de los mediadores –profesores en primer lugar y luego libreros y bibliotecarios– y de la familia.
  • Propuestas de lectura y valoración compartida de obras entre profesores y alumnos.
  • Taller de lectura y políticas de animación: comprometer al joven en búsquedas de lectura vía Internet, bibliotecas y librerías.

Seleccionar muy bien las obras conforme a que el tema, estilo, los caracteres, la ambientación y el argumento logren un efecto y tengan una eficacia; es decir, que la obra reavive algo que ya está dentro del lector, y que esta sensación le admire y posea.

El eclecticismo cultural del lector y sus maneras de adquirir cultura literaria y general están en la base para realizar selecciones de obras apropiadas a sus gustos e intereses formativos.

En el artículo señalado de PLEC-Secundaria se hallan las referencias de editoriales y colecciones, más páginas web relacionadas con LJA.

La página www.sol-e.com contiene todas estas fuentes de información y así en Banco de Recursos>Lecturas>Búsqueda-completa se puede consultar la selección por Edad, Título, Escritor, Editorial, Colección / Tema, Género.


Bibliografía

Lecturas
Chambers, A.
Fondo de Cultura Económica. México, D. F.. 2006

La imaginación educada
Frye, N.
Sirtes. Barcelona. 2007

Las primeras novelas. Desde las griegas y latinas hasta la Edad Media
García Gual, C.
Gredos. Madrid. 2008

Vicios solitarios. Lecturas, relecturas y otras cuestiones
Manguel, A.
Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Madrid. 2004

Pero, ¿qué leen los adolescentes?
VV.AA.
12ª Jornadas de Bibliotecas Infantiles, Juveniles y Escolares.
Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Salamanca. 2004