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Comprensión después de la lectura
Introducción Cuando se termina de leer no concluye ni mucho menos el proceso de comprensión lectora. No tenemos que dar por sentado que el niño ha entendido todo el texto, ni siquiera en el caso de que le hayamos acompañado en su camino hasta el momento de cerrar su lectura. Es imprescindible realizar una minuciosa y científica labor didáctica después de alcanzada la meta porque de lo contrario todo el aprendizaje se puede venir abajo. Por eso vamos a recuperar varias de las estrategias que hemos trabajado hasta el momento: la identificación de la idea principal, la elaboración de un resumen, y la formulación y respuesta de preguntas pertinentes sobre el contenido textual. La idea principal El niño tiene que ser capaz de diferenciar nítidamente los conceptos de «tema» (aquello sobre lo que trata un texto) e «idea principal» (el argumento fundamental de que se sirve el autor para explicar el tema). Una vez que el niño controla dicha diferencia y es capaz de extraer ambos elementos tras la lectura que le proponemos, le iremos enseñando de modo secuenciado: - Que nunca son iguales el tema (T) y la idea principal (IP).
- Qué es el tema, primero, y después qué es la idea principal.
- A identificar el tema en primer lugar.
- Tema e idea principal de modo diferente en narraciones y exposiciones:
- En los primeros cursos: el T en narraciones y exposiciones sencillas y la IP sólo en textos expositivos.
- En cursos superiores: la IP también en narraciones cuando se aborda sistemáticamente el comentario de texto en relación a la literatura.
Con este procedimiento el niño descubre poco a poco que la IP resulta de la combinación de varios elementos: - Los objetivos de lectura que guían al lector.
- Sus conocimientos previos.
- La información que el autor quería transmitir.
Por todo ello, identificar la IP resulta indispensable para el niño para poder aprender a partir de su lectura y para que pueda realizar actividades asociadas a ella, como tomar notas o realizar un resumen. El niño se enfrentará a la identificación de la IP teniendo siempre en cuenta sus propios objetivos de lectura. De ese modo, aprenderá de su lectura y será capaz de realizar una lectura crítica y autónoma. ¿Cómo accedemos a la IP? Para acceder a la IP enseñamos al niño a poner en marcha cuatro tipos de reglas: - Reglas de omisión o supresión:
Eliminamos información trivial o redundante. - Reglas de sustitución:
Integramos hechos / conceptos en conceptos supraordinarios. - Reglas de selección:
Nos lleva a identificar la IP en el texto, si se halla implícita. - Reglas de elaboración:
Con ellas construimos o generamos la IP. No estamos hablando de mostrar a los niños el modo teórico de aplicar estas reglas o su utilidad. Es necesario que el maestro modele lo que hace él mismo cuando tiene que resumir un texto. Para explicarles en qué consiste la IP de un texto y explicarles por qué consideramos que eso es lo más importante, podemos emplear diversas estrategias: - Explicarles en qué consiste la IP de un texto y la utilidad de saber encontrarla o generarla para su lectura y aprendizaje.
- Ejemplificar con un texto ya conocido cuál sería el tema y lo que podrían considerar como la IP que transmite el autor.
- Preguntarles por qué van a leer el texto: así revisarán el objetivo de lectura, si les sobrepasa o si va a proporcionar una información parcial para ellos. Este paso contribuye a activar sus conocimientos previos relevantes y a centrar la atención en lo que se busca.
- A medida que leen, informarles de lo que retenemos y por qué, y de los contenidos que no desechamos en esta ocasión.
- Si en el texto encuentro la IP explícitamente formulada, se la señaleremos a los niños y les explicaremos la razón por la cual esa frase contiene la IP.
- Para facilitar todo el proceso, los niños van leyendo el texto en silencio mientras les mostramos el procedimiento.
- Cuando concluye la lectura, discutimos el proceso seguido.
- Si la IP no se encuentra formulada tal cual en el texto, se la explicamos a los niños, justificando la elaboración.
- La formulamos de formas distintas para que vean que no se trata de una regla infalible, sino de una estrategia útil.
- Incluso una vez que se ha discutido y aceptado la IP propuesta, podemos generar otra que atienda a otro objetivo de lectura. Así los niños constatan la importancia de sus propósitos cuando traten de establecer lo que es principal en un texto.
- Les ofreceremos textos de dificultad progresiva que faciliten el aprendizaje, y también variaremos la tipología textual de modo que puedan trabajar no sólo con relatos sino también con los distintos tipos de estructuras expositivas, e incluso con textos menos «académicos», a sabiendas de que las dificultades de los niños para afrontarlos pueden ser mayores.
Una vez que los niños han trabajado individualmente, organizamos una revisión conjunta y discusión de: - Las ideas retenidas.
- Los motivos que indujeron a identificar unas y no otras.
- Los procesos que cada uno siguió.
- Los objetivos concretos que cada uno perseguía.
- Los conocimientos que aportaron al texto.
- Lo que consideraron fundamental.
Asimismo, ayudaremos a los niños a entender por qué necesitan resumir, asisten a los resúmenes que realizamos, resumimos conjuntamente, utilizamos esta estrategia individualmente y discutimos su realización. Para que aprendan a resumir párrafos les enseñaremos a: - Encontrar el tema y a identificar la información trivial para desecharla.
- Desechar la información que se repita.
- Definir la agrupación de las ideas para hallar formas de englobarlas.
- Identificar una frase-resumen del párrafo o bien a elaborarla.
- Articularemos situaciones de enseñanza/aprendizaje en las que no se prime tanto la unicidad de las respuestas como su coherencia y utilidad para el aprendizaje de cada niño.
- Con nuestra ayuda y trabajando preferentemente de modo oral, los niños pueden ir resolviendo con competencia los retos que estas actividades plantean, porque se adecuan a su nivel y saben que no esperamos que su respuesta sea «la exacta».
El resumen Cuando los niños son capaces de identificar el tema y las ideas principales de un texto, están en óptima disposición para resumirlo. Pero el resumen requiere de unas reglas que también tenemos que mostrar a los chicos. En líneas generales, podemos señalar cuatro reglas que los lectores utilizamos cuando intentamos resumir el contenido de un texto: - Omitir.
- Seleccionar.
- Generalizar.
- Construir o integrar.
Omitimos aquella información que para los propósitos de nuestra lectura podemos considerar poco importante. Pero el hecho de que se omita no implica que la información en sí sea poco importante, sino que es poco relevante para la interpretación global del texto. Cuando seleccionamos, suprimimos información porque resulta obvia, porque es de algún modo redundante y, por ende, innecesaria. La generalización y la construcción o integración permiten sustituir información presente en el texto para que quede integrada de manera reducida en el resumen. Mediante la generalización se abstrae de un conjunto de conceptos uno de nivel superior capaz de englobarlos («Entró en la cocina y vio encima de la mesa cerezas, fresas, manzanas, melocotones, naranjas...» = Lo que vio fueron frutas). Cuando construimos o integramos elaboramos una nueva información que sustituye a la anterior, con la particularidad de que dicha información no suele estar en el texto. A partir de la información existente, deducimos razonablemente algo más global que la integra. Resumir un texto requiere poder tratar la información que contiene de modo que pueda omitirse la que es poco importante o redundante, y ser capaz de sustituir conjuntos de conceptos y proposiciones por otros que los engloben o integren. Es preciso, además, que el resumen conserve el significado genuino del texto del que procede. Por eso, tan poco útil resulta que el resumen sea una casi reproducción del texto, como que sea tan general que no aporte la información específica que en dicho texto se vertía. Aprender a resumir significa aprender a usar las reglas que hemos señalado, respetando la condición –conservar el significado genuino– a la que hemos aludido hace un momento. Cuando la enseñanza del resumen se sustituye por la consigna «Resumid este párrafo», «Haced un resumen, diciendo lo mismo, pero con menos palabras»..., si algún alumno aprende, desde luego no es gracias al sistema utilizado para enseñar, porque éste no existe. Es importante que los alumnos entiendan por qué necesitan resumir, que asistan a los resúmenes que realiza su profesor, que resuman conjuntamente y que puedan usar esta estrategia de forma autónoma y discutir su realización. Enseñar a resumir párrafos requiere enseñar a: - Encontrar el tema del párrafo y a identificar la información trivial para desecharla.
- Desechar la información que se repita.
- Determinar cómo se agrupan las ideas para encontrar formas de englobarlas.
- Identificar una frase-resumen del párrafo o bien a elaborarla.
El resumen de un texto se elabora sobre lo que el lector decide que son las IP que transmit, de acuerdo con sus propósitos de lectura. Determinar las IP es una condición necesaria, pero no suficiente, para llegar a la concreción del resumen. El resumen exige la identificación de las ideas principales y de las relaciones que entre ellas establece el lector de acuerdo con sus objetivos de lectura y conocimientos previos a ella. El resumen elaborado mediante la aplicación de las reglas que antes hemos visto puede «decir el contenido» que está en el texto de forma breve y sucinta. Cuando los alumnos resumen para aprender, les invitamos a hacerlo a partir de textos expositivos porque elaboran un resumen «interno», desde sí mismos, aportando los conocimientos que ya tienen. Entendida de este modo, la actividad de resumir adquiere la categoría de «técnica excelente» para el control de la comprensión: si el niño no puede realizar una sinopsis de lo que está leyendo, es evidente que no ha comprendido. Formular y responder preguntas: no siempre y no sólo sirven para evaluar Esta es una estrategia fundamental para realizar una lectura activa. Ayudamos al niño a ser capaz de formularse preguntas pertinentes sobre el texto. De ese modo estará más capacitado para regular su proceso de lectura y podrá, por tanto, llevarlo a cabo de modo más eficaz. Una vez más, para que aprendan esta estrategia partimos de nuestro propio ejemplo: me planteo a mí mismo y a ellos interrogantes sobre la lectura. Una pregunta pertinente es aquella que es coherente con el objetivo que se persigue mediante la lectura. Según sea éste, así serán las cuestiones a las que podremos someter a los niños y las que ellos mismos se autoformularán. Ante un texto expositivo de carácter causal planteo a los niños preguntas que les conduzcan a determinar: el tema, los fenómenos que son considerados como causa o antecedente de determinados hechos y los mismos hechos en cuanto efecto. A la hora de resumir una narración, serán preguntas pertinentes las que permitan establecer el núcleo argumental: el problema, la acción y la resolución. Tipos de preguntas encaminadas a calibrar la comprensión de un texto - Preguntas de respuesta literal: aquellas cuya respuesta se encuentra literal y directamente en el texto. Responderlas no garantiza comprensión.
- Preguntas del estilo «piensa y busca»: aquellas cuya respuesta es deducible, pero que requiere que el lector relacione diversos elementos del texto y que en algún grado realice inferencias. Para responderlas los niños habrán realizado una interpretación del contenido del texto, sin la cual difícilmente podrán establecer las inferencias necesarias.
- Preguntas de elaboración personal: toman como referente el texto, pero cuya respuesta no se puede deducir del mismo; exigen la intervención del conocimiento y/u opinión del lector.
Para responder a los puntos 1 y 2 el lector tiene que: - Relacionar informaciones del texto.
- Efectuar inferencias.
- Emitir un juicio (en las de elaboración personal).
- Aportar conocimientos relacionados con el contenido del texto.
- Poseer una representación global del significado del texto.
Las preguntas de respuesta literal conducen a los niños a «decir» lo que pone el texto. Las preguntas «piensa y busca» y las «de elaboración personal» les llevan a: - Leer entre líneas.
- Formarse una opinión.
Kepa Osoro |