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Comprender durante la lectura
Tareas de lectura compartida No es suficiente –más bien diríamos que vale para muy poco– que los niños asistan a un modelado para incitarles a la lectura en el que únicamente les presentemos cómo construimos nuestras predicciones, cómo las verificamos, en qué índices del texto nos fijamos… Por ello es necesario invitar a los propios niños a: - Seleccionar marcas e índices.
- Formular hipótesis y verificarlas.
- Construir interpretaciones.
- Saber que eso es necesario para obtener unos objetivos de lectura.
Así descubrirán por sí mismos las estrategias responsables de la comprensión durante la lectura, lo que les llevará a: - Formular predicciones sobre el texto que se va a leer.
- Plantear preguntas sobre lo que van leyendo.
- Aclarar posibles dudas acerca del texto.
- Resumir las ideas del texto.
De ese modo el propio niño o niña: - Hace predicciones coherentes acerca de lo que va leyendo.
- Las verifica.
- Se implica en un proceso activo de control de la comprensión.
- Es activo o activa interpretando el texto a medida que lo lee.
El profesor o moderador y los niños se turnan a la hora de asumir la responsabilidad de organizar la tarea de lectura y de implicar a los demás en ella. En consecuencia, se va alternando el papel del profesor con una asunción progresiva de responsabilidades por parte de los niños. La estrategia sigue, en resumen, estos pasos: - Leemos un texto en silencio.
- Resumimos lo leído para el grupo y solicitamos su acuerdo (por resumir entendemos en este momento exponer brevemente lo leído).
- Pedimos aclaraciones sobre determinadas dudas que plantea el texto (cuando el niño clarifica ideas está comprobando, preguntándose a sí mismo, si comprendió el texto que acaba de leer; si se autocuestiona, muestra que ha aprendido a formular preguntas pertinentes para ese texto concreto).
- Establecemos nuestras predicciones sobre lo que queda por leer (al predecir, el niño establece hipótesis ajustadas y razonables sobre lo que va a encontrarse en el texto, apoyándose para ello en la interpretación que se va construyendo sobre lo que ya se ha leído y sobre su bagaje de conocimientos y experiencias como lector).
- Se reinicia el proceso a cargo de otro moderador.
Por otro lado, para implicar más a los niños es aconsejable pedirles que: - Formulen preguntas para ser respondidas por todos tras la lectura.
- «Se atrevan» a plantear sus dudas y confusiones.
- Elaboren un resumen individualmente o por parejas para contrastar y enriquecer nuestro punto de vista.
Es trascendental que esta lectura compartida –cuyo objetivo es enseñar a los niños a comprender y controlar su propia comprensión– esté presente en la didáctica de la lectura desde los niveles iniciales, y que los chicos se acostumbren a resumir, a plantear y plantearse preguntas, a resolver por sí mismos problemas de comprensión, desde el momento mismo en que se muestren capaces de leer alguna frase. De este modo asumirán un rol activo en la lectura, sin el cual no es posible el aprendizaje. Lectura independiente La lectura independiente –aquella en la que el propio lector marca el ritmo y «maneja» el texto según sus objetivos personales– debe ser fomentada en la escuela. Para ello se promoverá el trabajo autónomo de determinadas estrategias. Para que los niños realicen predicciones: - Insertaremos a lo largo del texto preguntas que les hagan predecir lo que piensan que va a suceder a continuación.
- No abusaremos de este sistema y colocaremos los interrogantes en fragmentos adecuados del texto.
Para que el niño trabaje el control de su comprensión, es conveniente proporcionarle un texto que contenga: - Errores o incongruencias, y pedirles, primero, que las encuentren y, después, que las sustituyan por algo que tenga sentido.
- Lagunas que deben ser completadas infiriendo; no se trata de primar la exactitud sino la coherencia.
Pero, ¡cuidado!, este material de lectura es artificial y no deberá sustituir nunca la lectura independiente, cuyo fin es ella misma y tras la cual no cabe plantear demandas de ningún tipo.
«¡No lo entiendo!» «¿Ahora qué hago?» Los errores y lagunas de comprensión - Los errores (falsas interpretaciones) y lagunas (sensación de no estar comprendiendo) son muy frecuentes durante la lectura.
- Lo importante es que el niño, tras detectar por sí mismo estas dificultades, sea capaz de definir qué puede hacer una vez identificado el obstáculo. Para ello debe tener un eficiente control de su comprensión.
Para que un mal lector deje de serlo es absolutamente necesario que pueda ir asumiendo progresivamente el control de su propio proceso y que entienda que puede utilizar muchos conocimientos para construir una interpretación plausible de lo que está leyendo: estrategias de descodificación, pero también de comprensión (predicciones, inferencias) para las cuales necesita estar comprendiendo el texto (1). No olvidemos que para esos niños que aún no son capaces de leer fluidamente porque están demasiado «pegados» al texto, el acto de leer se va convirtiendo cada día más simplemente en «verbalizar lo que pone en el libro», en lugar de sumergirse en una auténtica construcción de significados. Esto se debe –reconozcámoslo– a que la mayoría de los maestros está convencida de que es imprescindible oralizar correctamente un texto escrito para poder entenderlo. No admiten que está científicamente demostrado que la comprensión lectora disminuye grandemente cuando se produce una oralización. Además, el maestro interrumpe constantemente la lectura en voz alta del niño para decirle que «no es así», con lo cual mina su autoestima y además amplía sus dificultades de comprensión. ¿Cómo debemos actuar entonces? He aquí algunas recomendaciones prácticas que pueden resultar útiles: - Supervisaremos la lectura poniendo especial cuidado en que los niños vayan verbalizando sus dificultades.
- No correjiremos de igual modo todos sus errores, porque no todos son iguales.
- Procuraremos hacerles entender que hay ciertos errores que no son importantes y que se puede «pasar» de ellos. No es necesario entender absolutamente todo lo que se lee en el momento que se lee. La comprensión puede venir más tarde.
- Les ayudaremos a descubrir que el contexto puede ayudarnos mucho a entender un término, una frase o una idea.
- Les acostumbraremos a esperar a concluir la lectura porque muchas veces el propio texto puede clarificar sus dudas.
- En caso negativo, podrán acudir, ellos mismos, al diccionario, a la ayuda de un compañero o a nuestra propia ayuda, una vez concluida la lectura.
- También dedicaremos, al final, un espacio para clarificar dudas dentro de la recapitulación dirigida de lo leído.
Las estrategias que conducen a interrumpir drásticamente la lectura (por ejemplo, ante una palabra desconocida) sólo se justifican si la palabra en cuestión es crítica, es decir, absolutamente imprescindible para comprender el texto.
Cuando la lectura se interrumpe, el lector «se desconecta», pierde el ritmo y necesita conectarse nuevamente. - En esta línea, trabajaremos la lectura con diferentes tipos de texto: enumerativos, informativos, literarios, prescriptivos, expositivos. Así los niños aprenden que en algunos de ellos va a ser la lectura la que va a ayudarles a entender. Y que, aunque en un primer momento no sepan lo que significan determinadas palabras, van a conocer su significado mediante la lectura.
- Asimismo, les invitaremos a aventurar una interpretación para lo que no comprenden y ver si esa interpretación funciona o si es necesario desestimarla. A veces no podrán aventurar una interpretación y habrán de releer el contexto previo –la frase, el fragmento– con la finalidad de encontrar índices que les permitan atribuir un significado.
Sólo si no hay más remedio, cuando se sienten totalmente incapaces de avanzar y ya han probado todas las estrategias de comprensión que hemos ido trabajando podrán acudir al diccionario o a nuestra ayuda. Para enseñar esta estrategia que permita a los niños subsanar sus lagunas de comprensión: - Discutiremos con ellos los objetivos de lectura.
- Trabajeremos con materiales de dificultad moderada que supongan retos para los niños, pero no cargas abrumadoras para ellos.
- Les enseñaremos a inferir, a hacer conjeturas, a arriesgarse y buscar la verificación para sus hipótesis.
- Les explicaremos qué pueden hacer cuando no comprenden un texto.
Conclusiones Hemos tratado de demostrar de qué modo podemos desarrollar nuestra didáctica de la comprensión lectora durante el propio proceso lector; es decir, cuál ha de ser nuestra intervención para ayudar al niño a sentirse capaz –porque lo es– de controlar su propia lectura y a poner en marcha cuando sea preciso determinadas intervenciones correctoras o de ayuda a su construcción de significados. En último término estamos diciéndole: «Te vas a encontrar con distintos problemas cuando vayas leyendo; has de entender que cada uno de ellos precisa una solución diferente». Unas veces serán problemas en la comprensión de palabras o de frases; otras dificultades estarán en las relaciones que se establecen entre las frases… En todos los casos, por tanto, las lagunas en la comprensión podrán atribuirse o bien al desconocimiento del significado de alguno de los elementos del texto, o bien a que el lector se equivoca al atribuir un significado o una interpretación. Pero la dificultad también puede estar en ser capaces de atribuir un tema al texto o en entender por qué suceden determinados acontecimientos. Estamos, en conclusión, queriéndole demostrar al niño que ha de ser activo en su lectura, ha de tomar decisiones y ha de hacerlo de forma autónoma, si realmente quiere lograr una lectura eficaz y, por consiguiente, satisfactoria. Kepa Osoro (1) Seguimos basándonos en los trabajos de SOLÉ, I. (1994): Estrategias de lectura. Barcelona, Graó; CARRIEDO, N. y ALONSO, J. (1994): ¿Cómo enseñar a comprender un texto? Madrid, Universidad Autónoma de Madrid; y COLOMER, T. y CAMPS, A. (1996): Enseñar a leer, enseñar a comprender. Madrid, Celeste-MEC.
Bibliografía Cómo enseñar a comprender un texto Carriedo, N. y Alonso Tapia, J. Universidad Autónoma de Madrid, 1994, Madrid
Enseñar a leer, enseñar a comprender Colomer, T. y Camps, A. Celeste / MEC, 1996, Madrid
Estrategias de lectura Solé, I. Graó, 1994, Barcelona
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