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Diseño, aplicación y evaluación de un programa de actividades de fomento de la lectura y dinamización de la BE en un IES

Por Elena Yáguez y Mª José Zamora
Profesoras del IES Las Musas, de Madrid

La dinamización de la biblioteca escolar –es decir, hacer que la biblioteca esté viva, que genere actividades en las que participen los distintos estamentos de la comunidad educativa, en especial alumnos y profesores, y que esas actividades retroalimenten el concepto y las funciones de la biblioteca escolar, o lo que es lo mismo, qué entendemos por biblioteca escolar y para qué la queremos– puede abarcar tanto la propia organización y gestión de la biblioteca, como la formación de usuarios, el fomento de la lectura, la cultura y la educación en valores.

Si queremos que la biblioteca escolar llegue a ser un centro de recursos multimedia que promueva y facilite el desarrollo de las habilidades de información del alumnado, que favorezca la integración progresiva de la educación documental en los currículos, que sea un espacio para la innovación pedagógica, que fomente la animación a la lectura en todo tipo de lenguajes y soportes y que sea un referente cultural y de solidaridad en la vida del Instituto, tendremos que planificar las actividades en torno a tres ejes fundamentales de la biblioteca: como centro de información, como centro de formación y como espacio de encuentro cultural, de educación en valores y de atención a la diversidad.

Diseño y aplicación del programa

Para diseñar un programa de actividades de fomento de la lectura y dinamización de la biblioteca escolar, lo primero que tenemos que conocer es de dónde partimos, es decir, hacer un diagnóstico de la situación1, para poder establecer los objetivos, temporalizarlos y, en consecuencia, organizar las actividades en función de tales objetivos. Asimismo, tendremos que contar con una persona encargada de biblioteca, con horario suficiente, y un equipo, por lo que, a principios de curso, habrá que negociar con la jefatura de estudios las horas y el equipo disponible, mientras no exista una legislación suficiente.

Los objetivos

Los objetivos los podemos clasificar en relación a los tres ejes a los que nos hemos referido: funciones de tipo informativo, formativo, y cultural y social.

  1. Entre los objetivos para hacer de la biblioteca un centro de información podemos considerar: la centralización de la información de todos los fondos del Instituto; tener una colección equilibrada en cuanto a materias y soportes; organizar los préstamos y consulta en sala; dar a conocer los fondos y servicios de la biblioteca, es decir, organizar la difusión de la información; y la coordinación con los Departamentos Didácticos y las tutorías a través del Departamento de Orientación.
  2. Entre los objetivos para conseguir que la biblioteca sea un centro de formación nos podemos plantear: la formación del equipo de biblioteca, la formación de usuarios con respecto a la familiarización de la biblioteca y la educación documental, inicial y continua; fomentar y apoyar con documentación la integración de la biblioteca escolar en los currículos y la innovación pedagógica; animar a la lectura y a la escritura; y participar en la Comisión de Coordinación Pedagógica (CCP).
  3. Entre los objetivos para hacer de la biblioteca un espacio de encuentro cultural y de educación en valores podremos establecer: acortar la distancia entre educación y cultura; favorecer el encuentro con la propia cultura y la de otros países o minorías en sus diversas manifestaciones (literaria, artística, musical, cinematográfica, etc.); favorecer el desarrollo de valores de solidaridad, respeto y tolerancia hacia otras etnias, minorías y grupos diferentes; favorecer la integración en el centro del alumnado más susceptible de exclusión social; abrir vías de colaboración con otras bibliotecas y asociaciones del entorno.

Las actividades

Una vez seleccionados los objetivos, habrá que programar actividades que nos permitan lograrlos, de modo que estableceremos tres bloques, de acuerdo con los ejes que vertebran nuestra biblioteca, sin perder de vista que se interrelacionan continuamente.

  1. Como centro de información. Para poder informar es imprescindible tener bien organizados los fondos y bien señalizados los espacios, y debemos contar con un equipo suficientemente formado para atender la demanda de información. Dependiendo de la situación de la que partamos, organizaremos actividades de formación, expurgo, adquisición, catalogación y clasificación de los fondos, automatización de la información, organización de los préstamos, señalización de los espacios, vaciado de revistas, creación de una filmoteca o videoteca, etc., en las que podrán participar profesores, padres y grupos de alumnos.

    Un segundo aspecto clave ha de ser la difusión de los fondos y servicios así como dar a conocer las actividades que se organizan desde la biblioteca. Puede ser conveniente elaborar una Guía de la Biblioteca, en la que se informe del horario, las normas y el servicio de préstamo y se oriente básicamente sobre cómo buscar un documento y sobre la Clasificación Decimal Universal (CDU). Asimismo, es obligado organizar visitas de alumnos, muy especialmente dirigidas a los de nuevo ingreso en el centro, sin descuidar, como es lógico, al resto. En estas visitas se pretende que los alumnos tengan un primer contacto con la biblioteca; es recomendable ofrecerles la Guía y, si se considera oportuno, se puede hacer una actividad sencilla de formación.

    Una actividad muy útil para la difusión es la elaboración de tablones que pueden estar situados dentro y/o a la puerta de la biblioteca: en ellos daremos a conocer tanto la información sobre la organización y servicios de la biblioteca como los índices de las revistas que recibimos, o cualquier noticia que consideremos de interés cultural o relacionadas con la educación en valores.

    Las guías de lectura sobre un tema, un autor, una época, etc. son muy interesantes y es una práctica frecuente en las bibliotecas públicas que podemos imitar, aun cuando no dispongamos de mucho presupuesto. También se puede contar con las guías de lectura elaboradas por otras bibliotecas o instituciones como la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

    En muchos centros escolares existe una revista que se publica con cierta regularidad; si estamos en ese caso, lo mejor es establecer en ella una sección fija en la que se hable de la biblioteca, se comenten lecturas, se den a conocer actividades, etc. Además, una revista es una plataforma de expresión de la comunidad educativa, anima a leer y a escribir, da importancia al trabajo escolar, etc. Si no existe la revista, nos podemos plantear la elaboración de un boletín de biblioteca.

    Por último, es totalmente necesaria la coordinación con los Departamentos didácticos y los tutores y que haya una implicación muy estrecha con el equipo de biblioteca para que la información llegue a todos los alumnos. Para ello parece necesario que la biblioteca esté representada en la CCP.
     
  2. Como centro de formación. La biblioteca escolar tiene el reto de formar a los usuarios, por lo que se hace necesario preparar actividades para familiarizar a los alumnos con el uso de la biblioteca. Ya hemos aludido a esa primera visita que harán los de nuevo ingreso. Pero hay que darle continuidad y, por tanto, hay que preparar actividades dirigidas a las distintas etapas educativas. Íntimamente relacionado con este proceso de formación, la biblioteca tratará de fomentar y apoyar la integración de la biblioteca en los currículos. Se trata de promover, en coordinación con las distintas áreas, actividades para que los alumnos desarrollen habilidades de localización y búsqueda de información, y estrategias para el tratamiento de la información y la investigación. En este sentido puede resultar interesante convocar anualmente un concurso de investigación: un trabajo de este tipo lleva consigo la necesidad de consultar distintas fuentes y serviría para que los alumnos se familiarizasen con las características del trabajo científico.

    La animación a la lectura es uno de los principios básicos de toda biblioteca. Un Plan de Lectura debe estar integrado en la programación de la biblioteca. El camino hacia su consecución pasa por diversas fórmulas, desde la dedicación de una hora semanal a la lectura libre, organización de foros o clubes de lectura, encuentros con autores, concursos, recitales literarios, etc., pasando por pequeñas propuestas, como elaboración de carteles, fotocopias de portadas, expositor de novedades o elaboración de guías de lectura. Una de las actividades que se viene practicando en las bibliotecas públicas con cierto éxito es la creación de clubes de lectura. En nuestro caso, podrán ir dirigidos a todos los sectores de la comunidad educativa. Conviene no olvidarse de nuestros propios compañeros profesores, pues el hábito lector se contagia, no se impone, y difícilmente lo podemos contagiar si no lo trabajamos entre nosotros. Formar un club de lectura para el profesorado, u organizar aperitivos literarios (en los que se combina el aperitivo con la lectura) influye considerablemente en la creación de un ambiente adecuado (más adelante pondremos un ejemplo de cómo llevar a cabo un club de lectura).

    La coordinación entre la biblioteca y el profesorado es fundamental. Una vez más insistimos en la necesidad de que la biblioteca debe estar representada en la CCP, pues llevar a cabo un plan como el que estamos describiendo no es posible sin el consenso de los Departamentos y sin una estrecha relación entre ellos y el equipo de biblioteca. La coordinación con los tutores se deberá hacer a través del Departamento de Orientación.
     
  3. Como espacio de encuentro cultural y educación en valores. La biblioteca podrá generar actividades culturales propias o en colaboración con el Departamento de actividades culturales, tales como la organización de una Semana del Libro, o la celebración de días relacionados con los temas transversales. Pero también puede convocar, en torno a un tema de interés general, distintos concursos (de relato, poesía, cómic, dibujo, fotografía), o bien organizar talleres (de rap, de radio...) o preparar una exposición, sesiones de lectura de textos literarios, proyección de películas, debates, mesas redondas, encuentros con autores. etc. Asimismo, podrá organizar actividades relacionadas con la atención a la diversidad. La coordinación a través de la CCP también será fundamental, pues muchas de estas estrategias generarán actividad en el aula.

La planificación

Una vez establecidos los objetivos y, en función de estos, qué actividades vamos a organizar, debemos hacer una planificación minuciosa de todas ellas teniendo en cuenta los siguientes elementos:
 

  • El grupo o grupos a quiénes van dirigidas. Habrá actividades dirigidas a todo el colectivo, otras a las diferentes etapas de la ESO, Bachillerato, Ciclos Formativos, o para los padres de los alumnos, o para los profesores.
  • Si la actividad va a generar trabajo en el aula y en qué áreas. Algunas actividades requerirán un trabajo previo y posterior.
  • El calendario: es muy importante establecer qué fases va a tener la actividad y cuándo se va a desarrollar cada una.
  • Los responsables de la organización y el desarrollo de cada actividad. Cada actividad deberá tener un responsable que la organice, gestione y haga su seguimiento. El bibliotecario será el coordinador de todas ellas.
  • Los materiales, los espacios, las colaboraciones de expertos y el presupuesto. Para cada actividad se debe prever el tipo de materiales que vamos a necesitar: pueden ser de propia creación, que aporte la comunidad educativa, o en colaboración con la biblioteca pública de la zona, ONG u otras instituciones Asimismo, por cada actividad debemos plantear en qué espacios se van a realizar (la propia biblioteca, el centro cultural de la zona, la Biblioteca Pública...). Tendremos que decidir también si va a participar alguien externo a la comunidad educativa. Por ejemplo, si organizamos cuentacuentos, puede ser el propio alumnado, profesorado, los padres o algún experto quienes lo lleven a cabo. Por último, habrá que realizar un presupuesto.

La evaluación

El modelo de evaluación del programa habrá de establecerse de acuerdo con los objetivos que nos hayamos propuesto. Entre los aspectos que debemos evaluar podrán figurar los siguientes:
 

  • La valoración y el acercamiento a la biblioteca.
  • La ampliación del fondo documental.
  • La producción de materiales propios.
  • El número de préstamos, horario de la biblioteca, ampliación del presupuesto.
  • La participación de los diferentes estamentos de la comunidad educativa.
  • La colaboración del profesorado implicado directamente y del resto de profesores.
  • La participación en la CCP y colaboración de los Departamentos y Tutorías.
  • El grado de satisfacción generado por cada actividad.
  • La adecuación a las diferentes etapas educativas.
  • El desarrollo de valores de solidaridad, respeto y tolerancia.
  • La colaboración con otras instituciones, bibliotecas u organizaciones.

Ejemplo de actividad: Club de Lectura

Elegiremos en primer lugar el centro de interés sobre el que girará nuestra propuesta de lectura: la situación del medio ambiente, la violencia juvenil, el paso a la madurez, la guerra, la situación de la mujer en distintas culturas, el viaje iniciático en la literatura, etc.

Objetivos

  • Fomentar la lectura entre alumnos y profesores.
  • Convertir la biblioteca en un lugar de encuentro cultural que sirva de complemento a las actividades lectivas.
  • Elevar la participación de los alumnos y profesores en la biblioteca.
  • Hacer de la lectura una actividad compartida.

Planificación
En la primera reunión del grupo de trabajo se llevará a cabo la elección de tema y de las lecturas que se van a proponer a los alumnos. Lo mínimo sería programar una lectura por trimestre en cada nivel; si se pueden hacer más, mejor, pero eso dependerá de los miembros del grupo de trabajo, su disponibilidad horaria, etc. Una vez hecha la selección de lecturas, informaremos a los alumnos de nuestro plan y les invitaremos a participar en él, advirtiéndoles de que es una actividad de carácter voluntario. Se les proponen las lecturas y se les facilita una breve reseña de las mismas para que elijan aquella que les atraiga más. Una vez establecida la obra sobre la que vamos a trabajar, se fija la fecha en que debe estar leída y se informa de todo ello a los lectores.

El paso siguiente consistirá en nombrar a los responsables de programar la actividad que se va a llevar a cabo. De acuerdo con el nivel al que vaya dirigida, podrá consistir en juegos, charlas, libro-fórum, proyección de películas basadas en las obras leídas, etc. que permitan analizarlas e intercambiar opiniones sobre las mismas.

Una cuestión importante a la hora de plantear este programa es en qué horario llevaremos a la práctica estas actividades. Lo más adecuado sería hacerlo dentro del horario lectivo para no «castigar» a los alumnos que se han apuntado, pero no siempre será posible. En algunos centros todos los grupos coinciden en el horario de tutoría; si se da este caso, se puede plantear la posibilidad de hacerlo en ese momento.

El lugar para desarrollar estas actividades es la biblioteca. Los recursos que necesitamos son, fundamentalmente, libros. Hemos de disponer de ejemplares suficientes de los títulos seleccionados como para atender la demanda. Tal vez el presupuesto de la biblioteca pueda cubrir los gastos derivados de la actividad, pero no siempre es así. Una posible solución es que el grupo que coordina las actividades se constituya en «grupo de trabajo» bajo el amparo del Centro de Profesores de la zona, con lo que se accede a una pequeña ayuda económica que puede venir bien. En otros casos también se puede recurrir al préstamo colectivo de las bibliotecas públicas.

Evaluación
Acabada cada una de las actividades, el grupo de trabajo valorará cuestiones como las siguientes:

  • Si la actividad llevada a cabo ha resultado adecuada.
  • El nivel de participación del alumnado y profesorado.
  • El grado de satisfacción –medida a través de una encuesta– de los alumnos y profesores que han asistido.
  • Propuestas de mejora.

 

(1) En BOTELLA, E. [et alt] (coord.) (1998): Bibliotecas escolares [CD-ROM], Madrid: Ministerio de Educación y Cultura, Programa de Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, apartado IV, «Elaboración de un Proyecto», se encuentran cuestionarios que pueden facilitar la realización del diagnóstico.


Bibliografía

Bibliotecas escolares, ¿para qué?
Baró, M. y otros
Anaya, 2001, Madrid

Las bibliotecas escolares: soñar, pensar, hacer
Castán, G.
Díada, 2002, Sevilla

La biblioteca escolar: un derecho irrenunciable
Osoro, K. (Coord)
Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, 1998, Madrid

Guía práctica para el desarrollo y dinamización de la biblioteca escolar
Yáguez, E. y Zamora, M.J.
MEC-CIDE, 2006, Madrid