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La formación de usuarios en la biblioteca escolar
El artículo se halla publicado en La biblioteca escolar: un derecho irrenunciable. Kepa Osoro coord. Madrid, Asociación Española de Amigos del Libro, 1988, páginas 80-98. La formación de usuarios en la biblioteca escolar En la actualidad, y como respuesta a los cambios operados en la sociedad, la escuela se plantea formar a los alumnos en cuestiones diversas que les capaciten como ciudadanos y que pretenden desarrollar actitudes que les permitan afrontar los retos de la sociedad actual. En este sentido, la formación en el uso de los recursos informativos resulta tan importante como la educación medioambiental o la educación para el consumo. Si bien nadie discute que el acceso a la información es uno de los derechos esenciales de los ciudadanos, lo cierto es que aún hoy sigue siendo patrimonio de unos grupos sociales determinados. En este sentido, la escuela debería ser el instrumento que permitiera romper dicha dinámica y, tal como propugna el Manifiesto de la Unesco para la Biblioteca Escolar, dotar a los individuos de las capacidades necesarias para enfrentarse y dominar la información igualando a todos en esta exigencia contemporánea. Actitudes hoy tan valoradas como la adaptación al cambio o la autoformación continua no son extrañas a quienes han desarrollado la capacidad de trabajar con la información. A lo largo de su vida futura, muchas serán las ocasiones en que los alumnos de hoy se verán obligados a aplicar estas habilidades que, supuestamente, deberían haber adquirido en su formación inicial. Dentro de la escuela moderna, la biblioteca se configura como un centro de recursos donde conviven las fuentes informativas y formativas y, por consiguiente, a ella compite la formación de los alumnos en el uso de la información para su formación. El trabajo de la biblioteca escolar en la formación de sus usuarios debe plantearse con una finalidad global: que al final de la escolaridad los alumnos sean capaces de detectar sus necesidades informativas, puedan localizar la información de manera rápida y eficaz y sepan utilizarla correctamente para sus propósitos. Condiciones para la formación de usuarios: fondos y organización de la biblioteca Para que la biblioteca pueda llevar a cabo con eficacia este cometido se requiere, no obstante, algo más que el convencimiento de que es algo necesario. Difícilmente podemos desarrollar habilidades y capacidades en los alumnos si no disponemos de un campo de aprendizaje en condiciones. La biblioteca, pues, debe facilitar recursos informativos, pero tan importante como ello es que estos recursos se hallen organizados y puedan ser utilizados. Una cuestión básica en todo el proceso de formación de usuarios es la dotación de fondos de la biblioteca escolar, que ya ha sido tratada anteriormente, y que en el caso de las bibliotecas escolares españolas presenta deficiencias más que notables. Nuestras bibliotecas se caracterizan por un predominio absoluto de material impreso frente a otros tipos de soporte y, concretamente, de obras de carácter literario frente a obras de tipo informativo. Esta dotación de fondos impide en muchos casos que la biblioteca escolar se utilice como un instrumento formativo, y las variadas funciones que ésta debería asumir quedan circunscritas a la simple promoción de la lectura. Para una eficaz labor de formación cabría una acción previa encaminada a dotar correctamente nuestras bibliotecas, invirtiendo la proporción de documentos informativos frente a libros de ficción e incorporando decididamente nuevos recursos en distintos soportes y canales. Por otro lado, difícilmente podemos instruir a los alumnos en el uso de las bibliotecas si nuestro campo de aprendizaje consiste en una simple acumulación de materiales sin orden ni concierto y sin instrumentos que permitan la búsqueda y la selección en función de las necesidades de los usuarios. Dado que la finalidad básica de la formación, como hemos apuntado anteriormente, radica en que los alumnos adquieran los procedimientos necesarios para la consulta de la información y que quienes se hayan ejercitado en el uso de la biblioteca escolar puedan utilizar sin impedimentos cualquier otra biblioteca, es preciso que nuestras bibliotecas se organicen según los modelos estandarizados adaptándolos –en la forma pero no en el fondo– a las capacidades de nuestros usuarios. Toda biblioteca debe procurar facilitar su utilización mediante recursos como la división en zonas o la señalización, o incorporando sistemas automatizados que simplifiquen los procedimientos de búsquedas y consultas, siguiendo la máxima de que no hay que enseñar a saltar las barreras, sino que hay que eliminarlas. Ello no obstante, aunque cada vez más «amigables» para el usuario, los sistemas de organización de las bibliotecas responden a una práctica muy experimentada y garantizan la máxima explotación y el uso de los recursos. En la escuela podemos utilizar indicadores de colores o iconos que ejemplifiquen gráficamente los temas de los documentos que se encuentran en un estante, pero ello no supone eliminar instrumentos organizativos como la Clasificación Decimal Universal (CDU) o instrumentos de recuperación de la información como los catálogos y, por tanto, habrá que familiarizar a los alumnos con su utilización. ¿Quién ejerce este cometido y cuándo? Si realizáramos esta pregunta en cualquier otro país occidental medianamente desarrollado la respuesta sería inmediata: el bibliotecario escolar que, en realidad, es un especialista en la información, la lectura y el uso de las bibliotecas. Pero esta figura esencial del equipo educativo no está institucionalizada en nuestro país. Así, la formación en el uso de la información o incluso la formación del hábito lector dependen exclusivamente del convencimiento de algunos educadores que dan prioridad al aprendizaje de unas habilidades y unos hábitos no incluidos en el currículo. De disponer del especialista «bibliotecario escolar», los centros educativos podrían programar convenientemente estos aprendizajes y garantizar así el cumplimiento de las funciones de unas bibliotecas que, aun cuando existen, no pueden cumplir su cometido. Niveles de la formación: uso de la biblioteca y uso de los materiales Formar a los alumnos, o a cualquier usuario, en el uso de la información presupone un conocimiento progresivo de la biblioteca y de los recursos informativos de que dispone. Cualquier programa de formación de usuarios plantea los contenidos de manera gradual, distribuidos en lo que comúnmente conocemos por «niveles de la formación», según los cuales distinguimos la formación en el uso de la biblioteca, desde la simple orientación al dominio de sus recursos de recuperación de la información, y la formación en el uso de los materiales o instrucción bibliográfica. Previamente se supone un nivel anterior más próximo a la simple información y basado en el conocimiento de la biblioteca como servicio: qué es la biblioteca, qué podemos encontrar en ella, para qué nos puede servir. Se entiende, que en el caso de bibliotecas de centros educativos, este primer nivel queda asumido con la propia información del centro. De la misma manera que los alumnos saben de la existencia del laboratorio, del taller de tecnologías o del aula de informática, y de la utilidad que tienen estos espacios, desde su entrada en el centro escolar el alumno –¡y los profesores!– deberían saber de la existencia de la biblioteca. Este nivel de formación, tan cercano a la simple información, es imprescindible, una vez empezado el curso escolar, para los nuevos alumnos, aunque con anterioridad se haya incluido la visita a la biblioteca en las jornadas de «puertas abiertas» que realizan muchos centros en la temporada previa a las matriculaciones y la misma guía del centro recoja entre sus datos relevantes la existencia de biblioteca. Una vez garantizado este primer nivel de información, el principal cometido de la formación consiste en dar a conocer al alumno las posibilidades que le proporciona la biblioteca y cómo puede servirse de ellas. Tal como hemos indicado anteriormente, es preciso distinguir dos niveles, que corresponden a la formación en el uso de la biblioteca y a la formación en el uso de los materiales. Puesto que el aprendizaje de las técnicas de consulta de los distintos soportes documentales se contempla en otros artículos de este PLEC, trataremos únicamente la formación en el uso de la biblioteca. La formación en el uso de la biblioteca - Programación: objetivos, conceptos y habilidades
El objetivo principal de esta formación es que los alumnos se familiaricen con las bibliotecas, conozcan su organización y funcionamiento y sean capaces de acceder a cualquier documento, bien con el objetivo de obtener información o para disfrutar con su lectura. El aprendizaje, sin embargo, no debe limitarse a la biblioteca de su centro, sino que ha de contemplar la posibilidad de que, tras haber seguido el itinerario formativo, el alumno sea capaz de utilizar cualquier biblioteca y de localizar cualquier documento. Por ello, y a riesgo de repetirnos, debemos considerar imprescindible que la biblioteca que sirva de campo de trabajo cumpla con los requisitos normalizados de organización propios de los servicios públicos de lectura en nuestro país. Para llevar a cabo esta formación se requiere, como en cualquier otro contenido del currículo escolar, elaborar una programación distribuida en los distintos niveles, desde los inicios de la escolaridad hasta el final de la Secundaria Obligatoria, de acuerdo con las capacidades de los alumnos. Hay que tener en cuenta que estos contenidos deberán formularse y agruparse, en función de los objetivos, en las tres grandes categorías que se definen en los diseños curriculares: conceptos, procedimientos y actitudes. Hay que tener en cuenta, también, que esta programación no puede realizarse de manera aislada, por áreas, sino que implica el trabajo conjunto de los equipos de profesores, por departamentos o ciclos, a fin de que la organización de los contenidos resulte coherente para los alumnos. El trabajo por proyectos facilita enormemente la aplicación a los aprendizajes en el área documental del imprescindible método del trabajo científico: la búsqueda, la selección y el tratamiento de la información, sea cual sea su índole, constituyen las bases de cualquier investigación. Como objetivos generales, consideramos que al finalizar su formación el alumno, de acuerdo con sus capacidades, debe ser capaz de dominar los conceptos, procedimientos y actitudes recogidos en el siguiente cuadro. | Conceptos | Procedimientos | Actitudes | - Conocer e interpretar los registros bibliográficos.
- Conocer los fundamentos conceptuales de la CDU y su aplicación en la organización del conocimiento.
- Conocer la función de los distintos sistemas de búsqueda.
- Conocer e identificar las secciones de una biblioteca.
- Conocer el concepto de «signatura» como sistema de localización de los documentos.
- Identificar las relaciones jerárquicas existentes entre los conocimientos.
| - Utilizar de manera autónoma la biblioteca de su centro.
- Utilizar cualquier otra biblioteca pública.
- Valorar los datos bibliográficos contenidos en los registros en función de sus necesidades.
- Localizar los documentos en la biblioteca a partir de las indicaciones del catálogo.
- Utilizar los instrumentos de búsqueda y recuperación de la información.
- Realizar búsquedas en entornos de red.
- Plantear correctamente estrategias simples de búsqueda por autores, por materias y títulos.
| - Considerar la biblioteca como un bien común.
- Adquirir el hábito de informarse.
- Adquirir el hábito de uso de la biblioteca como recurso para la información y el ocio.
- Adquirir el hábito de la lectura.
- Cumplir las normas de uso de la biblioteca.
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Los contenidos deben programarse secuencialmente, atendiendo a las capacidades y habilidades de los usuarios, pero también relacionándolos con sus necesidades de información, que pueden derivar de la propia actividad escolar pero también, no hay que olvidarlo, del interés por cuestiones sin relación alguna con el ámbito académico. Para cada nivel –o mejor para cada ciclo– podemos establecer qué nuevos conocimientos debemos desarrollar o bien hasta qué punto deben ampliarse conocimientos ya adquiridos en etapas anteriores. - Actividades para la formación
La adquisición de dichos conocimientos se basará en una serie de actividades que trabajarán los aspectos antes mencionados: conceptos, procedimientos y actitudes. Las actividades que proponemos a continuación son solamente unos ejemplos destinados a mostrar posibilidades de trabajo con los alumnos de los distintos niveles. Se trata de actividades progresivas de tal modo que las de ciclo superior deberían llevarse a cabo previa realización de las propuestas para los ciclos anteriores. Muchas de ellas han sido probadas y adaptadas con alumnos de Primaria o Secundaria, algunas en centros escolares; otras, en bibliotecas públicas, una colaboración imprescindible para la formación de usuarios. Quienes estén familiarizados con el tema, reconocerán en estas actividades las aportaciones tanto de la bibliografía especializada como de docentes y bibliotecarios, de los cuales, a lo largo de estos años, hemos conocido sus experiencias. Actividades en torno a la ordenación de la biblioteca Uno de los inconvenientes que presenta el uso de cualquier biblioteca para alguien no iniciado radica en el conocimiento y dominio del sistema de organización de los materiales. Este aspecto es especialmente extraño a los niños, por lo que proponemos una serie de acciones para los distintos niveles de la Enseñanza Primaria. | Actividad 1 | El cuento de los números | | Objetivo | Familiarizar a los alumnos con el sistema de ordenación de los materiales en una biblioteca a partir de la función de los mismos: información y lectura | | Nivel | Primer Ciclo de Primaria |
Uno de los principales conocimientos que requiere un alumno para poder moverse en el espacio de la biblioteca consiste en entender cuál es su ordenación y a qué corresponde. Entender que la biblioteca tiene una ordenación propia no resulta difícil, puesto que todos sabemos que las cosas, los objetos, hay que ordenarlos de alguna manera para evitar el caos. Hay cosas que se ordenan según tamaños, según soportes físicos, según utilidades... y, en el caso de los documentos, según materias, que se representan con unas cifras. Este concepto, se puede introducir de manera simple, utilizando una narración. El cuento que presentamos está destinado a niños de ciclo inicial y tiene por objetivo presentar, de una manera comprensible y significativa para los alumnos, la distinta función de los dos grandes grupos de libros: obras de ficción y obras de conocimiento y su particular ubicación en el espacio de la biblioteca. Las preguntas de Ramoncín, de Mercè Maure Ramoncín tenía seis años y un gran amor a los delfines. Se pasaba el día dibujando delfines: delfines que nadaban, delfines que saltaban por encima del agua, delfines que jugaban a la pelota.... Como los delfines le interesaban tanto, hablaba de ellos continuamente. A su madre, mientras tendía la ropa: —Mamá, ¿tú sabes cuántos años viven los delfines? —preguntaba Ramoncín. — ¡Ay, hijo! Ahora no lo sé. Luego, en cuanto tenga un momento, lo miramos en la enciclopedia, a ver si está También lo intentaba con su padre, que freía el pescado: —Papá, ¿cómo es que los delfines hablan? ¿Y cómo lo hacen? ¿Como nosotros? —preguntaba Ramoncín. —No, Ramoncín, como nosotros no. Es otro lenguaje, con sonidos. Anda, sal de la cocina que no te salpique el aceite. Después, en cuanto tenga un momento, lo miramos en el libro de animales que tenemos, a ver si está. Y Ramoncín salía de la cocina y se sentaba a escribir una lista de preguntas sin respuesta. Ni el padre ni la madre tenían un momento para ayudarle a saber qué decían los libros sobre los delfines. Ramoncín tenía una tía que lo quería mucho, la tía Rosalía. Cuando Ramoncín cumplió siete años, la tía Rosalía le hizo un regalo. —Felicidades, Ramoncín! —dijo la tía Rosalía—. Te he traído un libro de delfines. — ¡Un libro de delfines! ¡Yuuppii! —exclamó Ramoncín—. Muchas gracias, tía, me encanta. Y se fue a su habitación a leérselo de cabo a rabo. El libro se titulaba El delfín Berlín. Era la historia de un delfín llamado Berlín muy amigo de un niño; el niño le ayudaba a encontrar a su madre porque el delfín se había perdido. Era una historia muy bonita. Pero Ramoncín cogió su lista de preguntas sobre los delfines y resultó que el libro de la tía Rosalía no respondía ninguna. «Los libros no sirven para nada —pensó—. No explican las cosas que me interesan. ¡Qué birria!» Y, muy enfadado, tiró el libro al suelo. Entonces se oyó una vocecita que gritaba: —¡Ay, ay! Tú, chico, ¿qué te has creído? La vocecita salía del libro. Ramoncín lo abrió; era Berlín que hablaba: —¡Me has hecho daño! ¡Qué manera de tratar los libros es esta! Me has dañado la cubierta. ¡Un poco más de respeto a mi libro, por favor! Es mi casa este libro. —Lo siento, yo no creía que... —intentó excusarse Ramoncín —No importa, ya está hecho —respondió el delfín—. ¿Pero se puede saber a qué viene tanto mal humor? ¿Por qué estabas tan enfadado con mi libro? —Perdóname; me he enfadado porque en tu libro no salen las cosas que yo quiero saber. —¡Ah! ¿Así que no te ha interesado mi historia? —No es eso. —¿No te gustan los dibujos? ¿Te parezco feo? —No, no —dijo Ramoncín—, me pareces muy mono. Pero tu libro no explica lo que yo quiero saber de los delfines. Y le leyó su lista de preguntas de cabo a rabo. Berlín después de escucharle le dijo: —Lo comprendo. Estas cosas no se explican en mi libro porque no hace falta. Pero no digas que los libros no sirven para nada: lo que pasa es que te has equivocado de libro. —¿Qué quieres decir? —Mira, hay libros que explican historias inventadas, como el mío; y hay otros que explican cosas de verdad: son los que sirven para saber cosas. —¿Y qué libros son esos? ¿Dónde están? —preguntó Ramoncín. —Mañana, al salir del colegio, vete a la biblioteca. Mira entre los libros que tienen un adhesivo de color azul en el lomo; seguro que allí encontrarás a alguien de mi familia que podrá ayudarte. Dile que te mando yo. Al día siguiente, Ramoncín se fue a la biblioteca. Había libros con adhesivos de distintos colores: amarillo, verde, rojo y azul. Ramoncín se puso a buscar entre los títulos, cuando dio con la ballena Lena. —Vengo de parte de Berlín —dijo Ramoncín. —¡Vaya, mi primo! ¡Me alegro! —exclamó Lena muy contenta—. ¿Qué hace? ¿Cómo está? —Muy bien. Me ha dicho que aquí en la biblioteca me ayudaríais a encontrar libros que explican las cosas. —Claro que sí. Dime qué cosas quieres saber. —Quiero saberlo todo de los delfines. —Esto es muy fácil —dijo Lena—. Ve a los libros que tienen números en el lomo y busca entre los del 59. Allí encontrarás los que hablan de delfines. Ramoncín empezó a mirar los estantes hasta que encontró un cartel donde ponía: «59. ANIMALES». Todos los libros de aquel estante tenían escrito en el lomo una cifra que empezaba por 59. ¡Serían los libros que había dicho Lena! No le costó mucho dar con un libro de delfines. «¡Ya lo tengo!», pensó. Se sentó y empezó a mirar: era un libro con dibujos y fotos que explicaba todas, todas las cosas que Ramoncín quería saber. Aquella tarde Ramoncín se la pasó leyendo en la biblioteca. Cuando terminó, junto a la lista de preguntas, tenía otra de respuestas.
| Actividad 2 | El secreto de la biblioteca | | Objetivo | Familiarizar a los alumnos con el sistema de ordenación de los materiales en una biblioteca a partir de su clasificación siguiendo las pautas de la CDU | | Nivel | Segundo Ciclo de Primaria |
Esta actividad se plantea, como la anterior, a partir de un texto protagonizado por un ratón (como no) de biblioteca que explica la Clasificación Decimal Universal (CDU) como método utilizado por las bibliotecas para la organización del conocimiento. El texto, en su origen, servía como introducción a un libro de lecturas, organizadas según la agrupación de materias de la Clasificación Decimal. Para nuestro objetivo, el texto se ha reducido y adaptado. A partir de la narración, se propone un ejercicio para la mejor asimilación de los contenidos. El secreto de la biblioteca El gran secreto de la biblioteca y de los bibliotecarios y bibliotecarias, y de los ratones de biblioteca, está escondido en un agujero debajo de una sentencia: «Un sitio para cada libro y cada libro en su sitio». Si os metéis en el agujero que está debajo de esta sentencia y vais leyendo, quiero decir leyendo los libros ordenados en su sitio, descubriréis que están ordenados como la historia del hombre. Pero no como la historia de los descubrimientos o las guerras, de los reyes o de los guerreros, sino la historia del pensamiento del hombre, y es una historia que empieza con la vida del hombre hace muchos miles de años, y que todavía no ha terminado. Los bibliotecarios dividen esta historia en diez grupos de números, diez, tantos como los dedos de las dos manos. A cada apartado le dan un número, un número de una sola cifra, de 0 al 9, son diez, contadlos, cada apartado tiene libros con su número en sus estantes, y en los estantes se colocan los libros de cada uno de los grandes apartados de la historia del hombre. Mirad la lista. En el 0, ponemos las Obras generales, las enciclopedias y obras que tratan un poco de todo, como cuando el hombre empezó a pensar un poco en todas las cosas. Pero no creáis que en el 0 los libros están revueltos; están ordenados como quieren los bibliotecarios y en el 0 encontraréis también cómo se ordenan los libros en las bibliotecas. En el 1 están los libros que el hombre ha escrito sobre cómo él mismo piensa, estudia, imagina; los llaman los libros de Filosofía. En el 2 encontraréis los libros de lo que los hombres creen: las religiones, las oraciones; son los libros de Religión. En el 3 están los libros que cuentan cómo los hombres y las mujeres viven juntos, trabajan, se educan, se organizan. Son los libros de Ciencias Sociales. En el 4 encontraréis los libros sobre las lenguas, que son las que han ayudado más a los hombres a vivir juntos, a comunicarse y a entenderse; son los libros de Filología, que quiere decir Lengua. En el 5 se colocan los libros sobre cómo son y qué leyes tienen los seres que nos rodean, pequeños y grandes, cercanos y lejanos y los fenómenos del mundo natural. Son los libros de los números, de los astros, de los experimentos, de los animales y las plantas... Estos son los libros de Ciencias Puras. En el 6 están los libros que tratan de cómo el hombre transforma lo que conoce y de cómo utiliza lo que sabe para mejorar el mundo. Estos libros explican para qué sirven las matemáticas, o la biología, o la física... Pueden servir para hacer carreteras, para curar a los enfermos o para crear ordenadores... Los libros que hablan de esto son los de Ciencias Aplicadas. Pero no vayáis a creer que hemos terminado. Porque en el 7 pondremos los libros donde se hable de cosas bellas que hace el hombre y de cosas que hace para entretenerse en los ratos libres. Son los libros de Arte, Juegos y Deportes. Y en el 8 encontraremos las novelas, los libros de poesía y de teatro. Son los libros de Literatura. Estos son los libros para adultos; los libros de cuentos y narraciones para vosotros los encontraréis ordenados aparte, en la sección Infantil. Y al final, en el 9, están los libros que explican cómo todo lo que han descubierto, pensado y hecho los hombres se ha ido sucediendo en los siglos, y cómo se encuentra ahora sobre la Tierra. También aquí se ordenan los libros que narran la vida de un personaje. Son los libros de Historia, Geografía y Biografías. (Adaptado de I. Benet, M. Mata, M. J. Udina. Pipirigaña. Lecturas 4º. Ed. Onda, 1985)
Ejercicio - Copiad la palabra o palabras que encontréis escritas en los rótulos de los estantes que indican los números siguientes:
0............ 1............ 2............ 3............ 4............ 5............ 6............ 7............ 8............ 9...........
Se distribuyen los niños en diez grupos y a cada grupo se le adjudica un número de la CDU.
- Observad los libros que se encuentran en el estante de vuestro número y escribid de qué tratan:
número .......... tratan de......................................................................................... Cada grupo aporta sus resultados. El bibliotecario puede ejemplificar los resultados con libros correspondientes a cada número.
- Anotad, al lado de cada número de la pregunta 1, de qué tratan los libros que han encontrado vuestros compañeros.
Como ejercicio de comprobación puede realizarse la pregunta 4.
- En qué número de la clasificación podríais encontrar libros que trataran de:
ajedrez …………………. cuerpo humano ……. pájaros …………………. acertijos ……………….. pintura España …….
| Actividad 3 | Los árboles de la biblioteca | | Objetivo | Facilitar a los alumnos la identificación de la ubicación física de los materiales en una biblioteca en relación a los números de la CDU y sus subdivisiones | | Nivel | Tercer Ciclo de Primaria |
Esta propuesta corresponde a un ejemplo de señalización. Para facilitar a los alumnos el reconocimiento de la clasificación y para que comprendan sus consiguientes subdivisiones resulta muy didáctica la utilización de sistemas gráficos o visuales. En este caso, se trata de dibujar un árbol con diez ramas, cada una de las cuales corresponde a una materia y a un número de la CDU. Se pueden dibujar otros árboles más pequeños para mostrar las subdivisiones de los números más utilizados. Podemos colocar estas imágenes en un espacio visible de la biblioteca, como soporte a la formación de los usuarios, o reproducirla en cualquier material didáctico para los alumnos. En algunos casos, los mismos alumnos, a la vista de los estantes, pueden indicar los epígrafes de las distintas subdivisiones. Una propuesta de comprobación puede consistir en un juego de equipos, en el que dos equipos se intercambian distintos libros de una misma clase con las signaturas tapadas. Cada equipo observa y consulta los libros adjudicados y trata de asignar el número de la subdivisión a que pertenecen. Actividades en torno a la localización de los documentos El acceso a los documentos en nuestras bibliotecas se realiza en la mayoría de los casos y para los libros mediante el acceso libre. Este sistema permite que el alumno «pasee» por los estantes para hallar lo que le interesa y, a su vez, dota al alumno de autonomía en su búsqueda. Sin embargo, es cierto que este sistema de acceso requiere dedicación por parte del bibliotecario para ayudar a lector a encontrar alguna materia específica. Con la adecuada señalización seguramente habremos solventado la dificultad de hallar los grandes grupos de materias; ahora, hay que precisar más en esta búsqueda, antes de llegar a la consulta de catálogos, la forma con más probabilidades de éxito de hallar lo que buscamos. | Actividad 1 | Adaptación de la señalización de los estantes | | Objetivo | Facilitar la localización de los documentos | | Nivel | Primer Ciclo de Primaria |
Una manera de facilitar la localización de materiales en los estantes consiste en crear un icono o cualquier otro símbolo –un color, una forma– para cada uno de los grandes números y también para las subdivisiones de las materias. Este recurso tiene el inconveniente de que no existe un sistema único y normalizado para la señalización, con lo cual, si el sistema es poco simbólico, una imagen no comporta muchos problemas, pero si se trata de signos, requiere un aprendizaje añadido. A su vez, hay que tener en cuenta la elaboración de dichos materiales que pueden grabar el presupuesto de la biblioteca. Una solución adoptada por algunas bibliotecas públicas para su sección infantil consiste en señalizar las distintas clases de la CDU mediante fotografías que ilustren el contenido de cada clase. Estas fotografías se colocan en un soporte al inicio de la sección correspondiente. La búsqueda y selección de estas fotografías por parte de los alumnos de este nivel pueden constituir la base para una mejor comprensión tanto de la propia clasificación como de la organización de los materiales. | Actividad 2 | Lista alfabética de términos | | Objetivo | Facilitar la localización de los documentos | | Nivel | Segundo Ciclo de Primaria |
Este material impreso consistirá en una lista alfabética de aquellos términos o conceptos más solicitados por los alumnos relacionados con su número de clasificación que remite a los estantes. Tan importante como una presentación atractiva y legible lo es la selección y adecuación de los términos; estos deben ser acordes con sus intereses («pasteles» seguramente les interesará más que «postres») y adaptados en lo posible al lenguaje natural, puesto que no se trata de reproducir las entradas del catálogo, sino de facilitar la búsqueda («libros de cocina» en lugar de «recetarios» o «libros de recetas»). Un posible listado podría extraerse del índice de la clasificación decimal que se ofrece en algunas obras de organización de bibliotecas. Estas listas deberían estar visibles en la biblioteca en un mural o cartel y podrían también servir como material para ejercicios de aprendizaje que permitan adquirir un dominio en la localización de materiales. | Actividad 3 | Búsqueda de documentos | | Objetivo | Localizar los documentos en los estantes | | Nivel | Tercer Ciclo de Primaria. |
Se trata de practicar la localización de documentos en el recinto de la biblioteca y puede proponerse como un juego de equipos. Cada equipo, después de darse una vuelta por la biblioteca, escribe en un papel o en papeles individuales signaturas de distintos documentos. Una vez intercambiados los papeles entre equipos, cada uno de ellos debe encontrar con la máxima rapidez los documentos solicitados. Para evitar la coincidencia en la propuesta de signaturas, puede limitarse el campo de acción: en una primera vuelta, el equipo A propone signaturas del 0 al 5, y el equipo B las propone de los números restantes; en la segunda vuelta, se intercambian los números; el éxito corresponderá a quienes hayan encontrado el máximo de documentos acertados en el mínimo tiempo. Actividades en torno a la consulta de los catálogos La consulta de los catálogos es el procedimiento esencial para una correcta búsqueda de la información. Sólo el catálogo, con toda su complejidad, permite recabar información exhaustiva pero a la vez concreta y pertinente a la necesidad informativa. Es evidente que en los niveles de Primer y Segundo Ciclo este concepto debe trabajarse de una manera aproximada, asegurando las bases de los conocimientos previos, tales como distinguir autor, título y materia del documento o conocer la utilidad de los distintos catálogos, para trabajar el procedimiento de consulta en el Tercer Ciclo. | Actividad 1 | Quién y qué | | Objetivo | Distinguir autor, título y materia en un libro | | Nivel | Primer Ciclo de Primaria |
Se trata de que los alumnos distingan, a partir de muestras previa y adecuadamente seleccionadas, el o los autores, el título de la obra y de qué trata. Los documentos, preferentemente libros de conocimientos, deben presentar de forma muy explícita todos los campos. Evitaremos ejemplos con autores colectivos o responsabilidad de entidad, escogeremos títulos muy descriptivos, y evidentemente trabajaremos a través del diálogo. En el ejemplo que proponemos se ha buscado una dificultad creciente y se ha propuesto una observación muy simple que debe ampliarse con comentarios (hacer observar la sinonimia de autor/ilustrador/escritor; la coincidencia en algunos casos de materia y título; la denominación precisa de la materia con un solo término...). Ejemplo: Aquí tienes las portadas de dos libros. Fíjate bien en ellas para responder las preguntas. - Portada 1: [Libro El otoño]
Preguntas:
- 1. Marca en azul el nombre de los autores.
- 2. Marca en rojo el título del libro.
- 3. ¿De qué te parece que trata este libro?
- Portada 2: [Libro ¿Por qué me río?)
Preguntas:
- 1. Marca en azul el nombre del autor.
- 2. Marca en rojo el título del libro.
- 3. ¿De qué te parece que trata este libro?
| Actividad 2 | ¿Qué catálogo? | | Objetivo | Distinguir cuál es el catálogo o la búsqueda indicada en función de sus necesidades | | Nivel | Segundo Ciclo de Primaria |
Tanto si se trata de un sistema manual como de sistema automatizado, los alumnos deben aprender previamente la utilidad de los distintos catálogos o los distintos puntos de acceso que les permita el programa automatizado. Si disponemos de catálogos manuales, se pueden presentar los modelos de fichas de cada catálogo como muestra; si se trata de un catálogo automatizado, estos modelos de fichas se sustituyen con una muestra de la pantalla de consulta. El ejercicio que proponemos parte de este conocimiento previo y de las necesidades informativas propias de los alumnos de este ciclo: no se trata de reconocer catálogos, sino de precisar el sistema de recuperación que se utilizaría.
Ejercicio: | ¿Qué catálogo consultarías para saber si la biblioteca tiene... ? | | Documento buscado | palabra por la que buscas | catálogo de autores | catálogo de títulos | catálogo de materias | | Un CD sobre los inventos. | inventos | | | X | | El vídeo de La Dama y el vagabundo | | | | | | Un cuento de Andersen | | | | | | Un libro de caballos | | | | | | Un casete de las Spice Girls | | | | | | Una novela de aventuras | | | | | | El cuento de La dama y el vagabundo | | | | |
| Actividad 3 | Agrupación de materias | | Objetivo | Determinar las relaciones entre términos de una misma materia para facilitar la consulta del catálogo de materias | | Nivel | Tercer Ciclo de Primaria |
La consulta del catálogo ya sea manual o automatizado requiere, en el caso de la búsqueda por materias, una jerarquización de términos que ayude al alumno a establecer mejor su campo de investigación. Cualquier ejercicio de sistemas conceptuales o de relación de conceptos ayudará a adquirir unos mecanismos que los alumnos deben aplicar para realizar con éxito su búsqueda. Así, por ejemplo, si el alumno busca ballenas y en la biblioteca no disponemos de ningún documento sobre este tema, podemos evitar que, al no hallar ningún registro bajo el término concreto buscado, concluya que no hay información disponible, ya que en otros libros sobre mamíferos marinos o incluso sobre mamíferos en general seguramente podrá hallar algo. Con ejercicios como los que proponemos (en el primer caso, denominar la materia de un conjunto de términos afines y, en el segundo, por el contrario, buscar términos comunes a una materia dada) practicarán las relaciones de conceptos, lo cual les facilitará la búsqueda aproximada en el caso que el catálogo no contemple la recuperación por el término deseado.
Ejemplos: Escribe la palabra o palabras que agrupan los siguientes términos: | Estrellas, luna, planetas, sol, galaxia, cometas, telescopios | Astronomía | | Frigorífico, microondas, televisión, ventilador, lavaplatos | …………………. | | Hormigas, abejas, arañas, mosquitos, saltamontes, cochinilla | …………………. | | Trompeta, trombón, saxofón, clarinete, flauta, oboe | …………………. |
Teresa Mañà
Bibliografía Formarse para informarse Baró, M. y Mañá, T. Celeste / MEC, 1996, Madrid
Library alive!: promoting reading and research in the School library Gawith, G. A&C;, 1992, London
Learning How to Learn Information Literacy ALA, 1991, Chicago
Making self-teaching kits for library skills Karpiseck, M. ALA, 1993, Chicago
BCD: Ce qu’il faut découvrir Madrenes, D. Magnard, 1994, París
Voyage au centre de la Documentation fichier d´activités guidées au CDI
Magnard, 1993, París
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