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La biblioteca como espacio de aprendizaje en la etapa preuniversitaria

Por Mònica Baró y Teresa Mañà
Profesoras Facultad de Biblioteconomía y Documentación
Universidad de Barcelona
 

1. Introducción

Como sabemos quienes nos dedicamos a la educación en las etapas superiores, y como corroboran la mayoría de los estudios, al llegar al Bachillerato, chicos y chicas no han adquirido todavía las competencias necesarias para acceder por sí mismos al conocimiento. Naturalmente, esta constatación pone de relieve que quienes hayan abandonado los estudios en la etapa precedente, habrán finalizado su formación obligatoria sin estas competencias que les van a ser indispensables para desenvolverse en la sociedad1. A pesar de ello, es en el Bachillerato cuando se completa la formación en este ámbito puesto que, entre los objetivos de esta etapa formativa que se especifican en la LOE, se cuentan los de contribuir a desarrollar en los alumnos las capacidades para ejercer la ciudadanía democrática; consolidar su madurez personal y social; y los de afianzar los hábitos de lectura, estudio y disciplina, como condiciones necesarias para el eficaz aprovechamiento del aprendizaje, y como medio de desarrollo personal2.

Así, aún suponiendo que durante su etapa anterior los estudiantes hayan adquirido cierta familiaridad con el proceso del trabajo científico y hayan utilizado la biblioteca y los recursos que ésta puede proporcionar para llevar a cabo sus tareas académicas, el Bachillerato requiere un mayor dominio de las competencias en el uso de la información. En primer lugar porque, tal como se especifica en la LOE, para superar la etapa formativa, el alumno debe acreditar que conoce y sabe aplicar el método científico, que es capaz de valorar de forma crítica las aportaciones de la ciencia, que sabe como acceder a los conocimientos y cómo utilizar las tecnologías de la información y la comunicación con responsabilidad. Para ello, en esta etapa se promueve el uso de principios pedagógicos encaminados a favorecer la capacidad del alumno para aprender por sí mismo, para trabajar en equipo y para aplicar los métodos de investigación apropiados.

En segundo lugar porque uno de los objetivos del Bachillerato consiste en la preparación del alumnado para que pueda seguir con éxito unos estudios universitarios que, cada vez en mayor medida, se articulan a partir del trabajo autónomo del alumnado y requieren por su parte mayor implicación y responsabilidad en la construcción de los aprendizajes. Así, en el transcurso de la formación universitaria, el alumno deberá adquirir una serie de competencias básicas que le permitan:

  • Incorporar conocimientos al margen de los libros de texto.
  • Reunir e interpretar datos significativos (normalmente dentro de su área de estudio) para emitir juicios que incluyan una reflexión sobre temas relevantes de índole social, científica o ética.
  • Transmitir información, ideas, problemas y soluciones a un público tanto especializado como no especializado.
  • Desarrollar aquellas habilidades de aprendizaje necesarias para emprender estudios posteriores con un alto grado de autonomía3.

2. El punto de partida: nivel de adquisición de competencias en el uso de la información

Para diseñar cuáles deben ser los instrumentos indispensables con los que los alumnos deben acceder a la formación universitaria convenientemente preparados ya desde el primer día es necesario establecer el nivel de adquisición de sus competencias informativas. Para ello, un buen punto de partida podría ser una batería de preguntas autoevaluativas que facilitarían al profesorado y la biblioteca detectar las carencias del alumnado y programar en función de sus errores y omisiones4.

Ante la necesidad de investigar sobre determinado tema propuesto por el profesor o escogido por ti mismo, o ante el simple deseo de conocer más a fondo todo lo que concierne con alguna de tus aficiones estoy mucho, poco o nada de acuerdo con estas afirmaciones...

A. Planteamiento del trabajo

En cualquier trabajo, suelo partir de mis propios conocimientos.

  • Antes de empezar mi trabajo dedico un tiempo a reflexionar sobre qué tipo de información necesito, de qué alcance y nivel de especialidad, en función del tipo de resultado que espero obtener.
  • Dedico también un momento a organizar mi tiempo en función de la dimensión del trabajo a realizar, de su formato de presentación y de los plazos de entrega.
  • Utilizo métodos distintos de búsqueda de la información en función de si la necesito para un trabajo de clase o para mi uso particular.

B. Búsqueda de información

  • Acudo a la biblioteca porque allí puedo encontrar todo tipo de recursos de información y alguien que me orienta.
  • En la biblioteca suelo utilizar el catálogo para saber qué es lo que me puede ofrecer sobre el tema que me interesa.
  • En la biblioteca jamás uso su catálogo, busco directamente en los estantes.
  • En la biblioteca jamás consulto el catálogo, siempre pregunto al personal.
  • Cuando uso el catálogo suelo descubrir más recursos de los que creía que existían.
  • Antes de iniciar una consulta en una publicación impresa, suelo consultar el sumario –si lo tiene– con el objetivo de hacerme una idea del contenido y de cómo se presenta.
  • Suelo acudir directamente a Internet, puesto que la red me proporciona toda la información que necesito.
  • Cuando busco algo en Internet, suelo revisar como máximo las dos primeras páginas de referencias obtenidas.
  • Cuando busco en Internet siempre utilizo un buscador (Google, Yahoo...).
  • En las búsquedas en Internet, uso normalmente los delimitadores como las comillas, o expresiones que me ayuden a limitar el número de respuestas obtenidas (combinaciones booleanas como “AND”, “OR” y “NOT”).
  • Al acceder a una página web analizo atentamente los menús.
  • Al acceder a una página web uso directamente los motores de búsqueda internos.
  • Suelo encontrar mucha información en la red sobre el tema de mi trabajo.

C. Trabajo con la información

  • Sé distinguir las distintas modalidades de información que me proporcionan las diversas fuentes.
  • Sé distinguir claramente entre lo que son hechos, datos y opiniones.
  • Sé distinguir fácilmente cuando un recurso web es deficiente o contiene información errónea.
  • Soy consciente de que las obras colaborativas en la red pueden contener datos erróneos.
  • Cuando encuentro la información en Internet que me parece adecuada, la copio y luego la adapto a mis necesidades.
  • Antes de capturar una información procuro averiguar si la fuente es fiable, busco información sobre el autor, sobre la editorial...; y si busco en Internet, todavía más.
  • Al trabajar con información anoto siempre la fuente de obtención, por si necesito volver a ella y para poder citarla, si se trata de un trabajo.
  • Siempre procuro cotejar la información entre al menos dos fuentes, para ver el grado de unanimidad sobre la cuestión o para comprobar si existen distintos puntos de vista sobre el tema.
  • Sé distinguir las distintas modalidades de derechos de uso de la información que localizo (entre la sujeta a copyright, la elaborada en creative commons y la libre de derechos).
  • Soy capaz de presentar los resultados de mi trabajo en modalidades distintas, según sea su naturaleza.

3. Las competencias en Información como base para el aprendizaje autónomo

Estas y otras preguntas nos permitirán establecer cuáles son los conceptos que nuestros estudiantes tienen de los recursos de información, cuáles son sus hábitos de trabajo, cómo actúan ante una necesidad de información, al margen de qué saben y qué no saben hacer. Detectar las habilidades es importante, pero también lo es averiguar los valores y actitudes que rigen en sus actuaciones.

Para garantizar la adquisición de competencias en el ámbito de la información, es imprescindible que éstas se contemplen a lo largo de la formación y que se puedan adquirir de manera transversal entre las distintas áreas del currículum. Por ello, estas competencias deben aparecer específicamente en los planes de formación de la etapa y en la programación de las asignaturas.

También es indispensable que las competencias se trabajen conjuntamente desde las aulas y desde la biblioteca a partir de un verdadero equipo docente. En cualquier caso, el equipo debe preparar de forma conjunta materiales que faciliten la adquisición de la autonomía en la investigación y en el aprendizaje, tal como propugnan Khulthau y Todd en el diseño de la denominada pesquisa guiada, verdadera metodología de trabajo que consiste en establecer un protocolo de intervención planificado con el objetivo de supervisar la totalidad de un proceso de investigación, por parte de un equipo formado por profesores y el bibliotecario5. El objetivo se centra en guiar al estudiante en un proceso de adquisición de las competencias, articulado en unidades de consulta que permiten un conocimiento profundo de algunos temas del currículum y que, gradualmente, conducen hacia el aprendizaje autónomo. El método se basa en el proceso del trabajo intelectual y lo contempla en todas y cada una de sus fases, desde el planteamiento de la necesidad de información hasta la comunicación de los resultados de la investigación. En este sentido, dichos autores indican que obtienen mejores resultados aquellos estudiantes que se implican más directamente en la elección el tema, el planteamiento de las preguntas de investigación y en el diseño del proceso de búsqueda.

Para aplicar ésta y otras metodologías parecidas, es imprescindible que se den una serie de condiciones en el entorno escolar. En primer lugar, es necesario que estos equipos docentes puedan constituirse fácilmente, lo que requiere, por un lado, un profesorado interesado en trabajar en esta línea, flexible en su metodología docente y que disponga de tiempo para permitir este tipo de trabajo. Pero, a la vez, también requiere disponer de bibliotecarios especialistas en información y documentación que asuman la función docente de la biblioteca escolar hasta las últimas consecuencias y se erijan en verdaderos acompañantes del proceso. Es primordial que estos profesionales sean capaces de formar equipo y de establecer claramente las competencias a trabajar, de preparar conjuntamente la programación de los contenidos y la adquisición de habilidades, y de crear las condiciones más adecuadas para implantar este tipo de metodología.

Aun en el caso de que se den todas estas condiciones, no hay que olvidar que es imprescindible que los estudiantes hayan adquirido previamente, en la educación obligatoria, algunas capacidades relacionadas con los procesos autónomos de aprendizaje y que puedan acceder a un número importante de recursos de información, debidamente organizados: es decir, el centro debe contar con una biblioteca y un responsable.

El equipo de profesores y bibliotecario debe garantizar todo el proceso, desde las fases iniciales de elección del tema, planteamiento de hipótesis, determinación de los métodos más adecuados a cada tipo de investigación, diseño del plan de trabajo, selección del formato de comunicación más apropiado de los resultados del trabajo, hasta la presentación en si misma.

4. ¿Qué competencias en información pueden trabajarse en la biblioteca?

En la actualidad, la disponibilidad física de las fuentes de información se complementa con la accesibilidad a un número creciente de recursos que no necesariamente se encuentran en el espacio de la biblioteca y, por ello, las competencias relacionadas con la búsqueda y la selección de la información adquieren mayor importancia. Más allá del imprescindible dominio de los recursos tecnológicos, que hoy nadie discute y que, por otra parte, los alumnos tienen adquirido casi en mayor medida que quienes les acompañan en los aprendizajes, la acción del profesorado y de los bibliotecarios radica en facilitar una verdadera cultura de la información a quienes se están formando.

En este proceso de adquisición de competencias, la biblioteca se articula a la vez como centro de recursos y como espacio de aprendizaje. En la biblioteca, los chicos y chicas encuentran todo cuanto necesitan para avanzar y para construir conocimiento, pero también deberían poder encontrar el acompañamiento necesario en el proceso.

En todo el proceso de trabajo de investigación que se desarrolle en la biblioteca, posee especial importancia el seguimiento del alumno a lo largo de toda su actuación. Si la necesidad deriva de una tarea esencialmente escolar, propuesta desde el aula, el proceso debe ser seguido por el equipo formado por el profesor (o profesores) y el bibliotecario. En este equipo el profesor supervisará el trabajo en su fase inicial y en su conclusión, puesto que nadie mejor que él conoce los objetivos del trabajo, las instrucciones impartidas o los formatos de presentación requeridos. Las etapas intermedias de un proceso de búsqueda para un trabajo escolar, más relacionadas con las competencias en la búsqueda y uso de la información, pueden ser guiadas por el bibliotecario, ya que en este caso se configura como un verdadero formador en el uso de la información.

En definitiva, para asegurar la adquisición efectiva de unas competencias podrían establecerse tres ejes de actuación, con sus correspondientes objetivos, que pueden trabajarse progresiva o, mejor, combinadamente:

a) Dominio de los procesos de acceso a la información:

  • Uso correcto de los sistemas de búsqueda y de las fuentes y recursos de información.
  • Correcta aplicación de los criterios de evaluación y selección de la información.

b) Uso efectivo de la información para transformarla en conocimiento:

  • Identificación y obtención de la información.
  • Aplicación de la información para la construcción de nuevos conceptos.

c) Adquisición de una cultura de la información:

  • Conocimiento de las estructuras y canales de generación y difusión de la información y de las implicaciones económicas e ideológicas subyacentes.
  • Empleo de la información de forma ética, teniendo en cuenta las cuestiones culturales, legales y sociales que interfieren en su uso.

4.1 Primer eje: Competencias en los procesos de acceso a la información

El primer eje de competencias tiene un carácter más bien instrumental y se centra en la adquisición de conceptos y habilidades que facilitan un acceso a la información.

En primer lugar, es imprescindible que los estudiantes sean capaces de diseñar sus propias estrategias de búsqueda que, necesariamente, se inician con una fase dedicada a definir el tema de trabajo (estableciendo claramente aspectos como el enfoque o la delimitación), considerando la finalidad de la investigación. A partir de este punto, es indispensable determinar las palabras clave que lo caracterizan y que serán las que guiarán la búsqueda, usando diccionarios y otras obras de referencia y, si es necesario, tesauros o vocabularios controlados específicos de cada disciplina. A menudo chicos y chicas ignoran hasta qué punto la elección de estos términos determina el éxito de las búsquedas a partir de los motores automáticos, así como la necesidad de utilizar sinónimos, combinar palabras usando los operadores propios de la lógica booleana para refinar las búsquedas, o aplicar truncamientos para obtener mejores resultados. Sin olvidar que estas competencias se aplican igualmente en la búsqueda de sumarios e índices en materiales impresos. En cualquier caso, conocer estos recursos y saber aplicarlos es, fundamentalmente, adquirir la conciencia de que el tiempo dedicado a preparar de manera correcta esta fase es tiempo recuperado en el transcurso de la investigación y, sobre todo, una inversión de cara a mejorar la calidad de los resultados de las búsquedas.

Este trabajo de identificación del tema y de las distintas facetas y enfoques a tratar a partir de las palabras clave podrá aplicarse a distintos entornos informativos. En primer lugar, será útil para interrogar al propio catálogo de la biblioteca, una herramienta que facilita el acceso a la información más inmediata, la que está a disposición del alumno en su propia biblioteca. Pero, además, el propio proceso de interrogación se configura como una oportunidad de practicar búsquedas en un entorno controlado, en que el propio sistema remite de términos rechazados a términos aceptados, indica la jerarquización entre conceptos y aporta información básica sobre los recursos, de tal manera que permiten una primera selección de las fuentes, incluso antes de su localización. Así, el alumno debería ser capaz de valorar los resultados obtenidos en la búsqueda aplicando parámetros de relevancia y calidad y, en última instancia, de adaptación a las necesidades iniciales de búsqueda.

En este nivel se deberían trabajar los conceptos de fuente de información, distinguiendo claramente su naturaleza y su función. Así, el formato de presentación de la información de un artículo aparecido en una revista o en una web es idéntico, aunque su publicación electrónica suele facilitar la consulta. Asimismo, el alumno debería ser capaz de distinguir entre una publicación científica o de divulgación, atribuyendo a cada una un peso específico distinto en cuanto a la profundidad de la materia tratada. Por lo demás, debería conocer qué tipo de información aporta cada fuente y de qué modo debe manejarse, con el objetivo de optimizar los procesos de búsqueda, teniendo en cuenta los distintos canales informativos textuales y no textuales, como la oralidad y las imágenes identificando y transfiriendo sus contenidos.

Finalmente, en esta fase, los estudiantes deberían familiarizarse con la ubicación física de los materiales en la biblioteca, y localizar los documentos a partir de las signaturas topográficas obtenidas en la consulta. Igualmente, deberían ser capaces de localizar aquella documentación que se encuentra en otras bibliotecas y centros de documentación. En el caso de los alumnos de Bachillerato esta habilidad es mucho más necesaria que en los niveles formativos anteriores puesto que el tipo de trabajo de investigación que realizan estos estudiantes requiere consultas a bibliotecas especializadas, archivos o bibliotecas universitarias.

4.2 Segundo eje: Competencias en el uso efectivo de la información para transformarla en conocimiento

La recopilación sistemática de información no es –o no debería ser– el objetivo de una investigación. Una investigación demanda un proceso de elaboración, análisis y síntesis de los documentos, de recogida de datos, de preguntas y respuestas para llegar a conclusiones rigurosas y contrastadas.

Una vez determinadas y localizadas las fuentes la información, los alumnos deben ser capaces de interrogarlas eficazmente. En este punto es esencial la movilización de competencias transversales, como las derivadas de la lectura compresiva, y especialmente, de la lectura de textos expositivos, que les permitan extraer la información adecuada a sus preguntas y seleccionar las ideas principales contenidas en el texto y los datos que les pueden ser de utilidad. Asimismo, ante un texto argumentativo es fundamental que sean capaces de distinguir las opiniones de los hechos. En cualquier caso, es imprescindible establecer mecanismos adecuados para la recogida de los datos, la validación y la identificación de la fuente de la que se ha obtenido la información para poderla citar convenientemente.

A partir de los datos, las ideas o los hechos identificados como esenciales y clave en el ámbito tratado, los estudiantes deben saber construir su propio conocimiento y confeccionar un trabajo de investigación que puede tener distintos formatos en función del objetivo, los destinatarios, la utilidad... En cualquier caso, los alumnos deben saber expresar adecuadamente sus propias ideas, parafrasear las ajenas y relacionar las distintas informaciones obtenidas en su investigación. Esta fase final del trabajo requiere, tanto como las anteriores, de planificación por parte de los alumnos: a veces, a causa de una mala o nula organización temporal de los jóvenes o por pensar que la tarea más difícil ya terminó, la redacción y exposición final del trabajo desmerecen los resultados conseguidos. En esta última fase de la investigación resulta todavía más necesaria la guía y asesoramiento por parte del profesor: él es quien puede revisar su borrador, ejercer de lector intermedio y sugerir las modificaciones para obtener un óptimo rendimiento del trabajo realizado6.

4.3 Tercer eje: Competencias para una cultura de la información

El entorno informativo en el que se mueven los chicos y chicas es extremadamente variado y complejo y, sobre todo, evoluciona a una increíble velocidad. De manera sistemática manifiestan recurrir a la red para resolver todas sus necesidades informativas y, cada vez más, comunicativas y de ocio. Ante esta nueva realidad, es imprescindible que adquieran las competencias necesarias para realizar este uso con unas garantías mínimas, puesto que, normalmente, los jóvenes se enfrentan al uso de información en la red sin un aprendizaje previo en un medio más estable, como pueda ser el de la edición.

En efecto, en este ámbito más tradicional existían algunas certezas que facilitaban los propios medios, y así, por ejemplo, aspectos como la veracidad y la calidad de la información venían asegurados por la autoría, la edición o la fecha de publicación. Pero el nuevo entorno, en el que las vías formales de creación y difusión de la información se combinan con las más informales, no suele facilitar estas garantías de modo que el usuario se erige en principal responsable del uso de la información obtenida. Por ello, y ante la evidencia de que a menudo la naturaleza de la información no es muy clara, es imprescindible ampliar el campo de formación y, más allá de asegurar la competencia en la localización y el uso de la información, es necesario una comprensión profunda de los mecanismos de creación, difusión y uso de la información para adquirir una verdadera cultura con relación a estos aspectos.

Efectivamente, el nivel y la calidad de la información contenidos en un documento en la red no son tan evaluables a simple vista como lo puedan ser en una edición en papel, puesto que ésta ya proporcionaba información muy válida sobre su naturaleza: la calidad reconocida del editor o de la empresa editora, de la colección o de la revista o el propio concepto de autoría, se difuminan ante la proliferación de recursos de creación colaborativa, que pueden ser alterados en cualquier momento, sin que ninguna persona o institución se responsabilice de su veracidad.

Al margen de los distintos enfoques con que puede ser presentada una información, y teniendo en cuenta que la falta de objetividad es un problema que afecta tanto a la información editada como a la publicada en la red, los estudiantes deben dotarse de los conocimientos mínimos para evaluar los contenidos que se encuentran en la red: cuestiones como la procedencia, la clara identificación de la autoría y la autoridad o prestigio que se atribuye al autor o de la institución productora del contenido, la posibilidad de contacto con la persona o entidad responsable de los contenidos, la dificultad en algunos casos de establecer la fecha de creación y la periodicidad de actualización o la fecha de la última revisión e incluso la propia veracidad de las informaciones disponibles en la red son aspectos que requieren un análisis detallado.

Además, la facilidad y el bajo coste de publicitar contenidos que proporciona la red ha tenido mucho que ver con la proliferación de documentos y recursos, de modo que cada vez se hace más indispensable que identifiquen claramente la intencionalidad de las publicaciones en red, los valores que éstas transmiten y los intereses que representan, las informaciones tendenciosas y hasta engañosas.

Ante todos estos cambios, es imprescindible que más allá de dominar los mecanismos de búsqueda y selección de la información, los jóvenes estudiantes desarrollen un sentido crítico y ético de su uso. En primer lugar, deben adquirir y practicar las normas más elementales de reconocimiento del trabajo de otras personas y, al margen de las objeciones que puedan hacerse sobre los derechos relativos al uso de la información, deben conocer el marco legal que los ampara y, como mínimo, citar la procedencia de las informaciones utilizadas. No obstante, ante la idea generalizada de gratuidad de acceso a la información, los alumnos deben identificar los recursos sujetos a pago y las condiciones legales de uso. Por otro lado, deben incentivarse las actitudes respetuosas con la intimidad y la privacidad de las personas y reconocer los límites de la libertad de expresión distinguiéndolos claramente de la censura.

En definitiva, enseñar a los alumnos de Bachillerato a ser competentes en información va más allá del uso de instrumentos y del desarrollo de destrezas y habilidades: formar a los alumnos en la etapa preuniversitaria significa también prepararlos, como decíamos al principio, para desenvolverse en la sociedad como ciudadanos preparados y responsables.

Notas

  1. Ya en 2001, el Informe DeSeCo (Definición y Selección de Competencias) de la OCDE identificaba las competencias indispensables para que un individuo pueda «tener éxito en la vida y vivir de manera responsable, contribuyendo a la mejora de la sociedad presente y futura». Más allá de las competencias básicas, como la lectura, la escritura –a las que se añadían ya las habilidades en el uso de las TIC–, el informe establecía la necesidad de garantizar otras competencias, entre las que destaca la capacidad de utilizar de forma efectiva los conocimientos y la información con el fin de ser capaces de «identificar opciones, formar opiniones, tomar decisiones y emprender acciones» cuando fuere necesario. El resumen de lo expuesto en este informe puede consultarse en OCDE. DeSeCo. Definition and Selection of Key Competencies: Executive Summary (30-Jun-2005) http://www.oecd.org/dataoecd/47/61/35070367.pdf. Existe versión en francés en: http://www.oecd.org/dataoecd/36/55/35693273.pdf  [consultados el 9 de julio de 2008]. Subir
  2. LEY ORGÁNICA 2/2006, de 3 de mayo, de Educación. Capítulo IV Bachillerato. BOE n. 106 de 4 de mayo de 2006. Subir
  3. Objetivos para los títulos de Grado, de acuerdo con los descriptores del Marco Europeo de Cualificaciones para el Espacio Europeo de Educación Superior. En: Ministerio de Educación y Ciencia. Directrices para la elaboración de títulos universitarios de Grado y Máster. http://www.crue.org/BOLETINES/BOLETIN_N14/Boletín%20Nº14/ADJUNTOS/Prop.%20elaboración%20títulos(21-12-06).pdf  [consulta realizada el 9 de julio de 2008]. Subir
  4. Las preguntas que hemos establecido se basan, en parte, en los estándares de la American Library Association publicados en A Information Power: Building Partnerships for Learning. Chicago: American Library Association, 1998 http://www.ala.org/ala/aasl/aaslproftools/informationpower/informationpower.cfm  y en las Normas sobre aptitudes para el acceso y uso de la información en la enseñanza superior, establecidas también por la ALA, que pueden consultarse en http://www.ala.org/ala/acrl/acrlstandards/informationliteracycompetencystandards.cfm  [consulta realizada el 9 de julio de 2008]. Subir
  5. Dr. Carol C. Kuhlthau & Dr. Ross J. Todd. Guided Inquiry: A framework for learning through school libraries in 21st century schools. Disponible en: http://cissl.scils.rutgers.edu/guided_inquiry/foundation.html  [consulta realizada el 9 de julio de 2008]. Subir
  6. El programa educativo Esdelibro, promovido por CEDRO y dirigido al conjunto de la comunidad educativa, para fomentar la lectura, la creación textual y el respeto a los derechos de autor, proporciona excelentes materiales y pautas para trabajar el proceso de investigación con los alumnos. Disponible en: http://www.esdelibro.es/index.php  [consulta realizada el 9 de julio de 2008]. Subir