Promoción de la lectura > Reflexiones generales


Lectura: comenzando a caminar

Introducción
La formación de hábitos lectores no es una labor exclusiva de la escuela. Si padres y educadores desean que sus hijos terminen la escolaridad habiendo logrado un espontáneo y satisfactorio deseo de leer, tendrán que sentarse a planificar conjuntamente qué van a hacer, qué van a evitar –entre otras cosas, meterse en el terreno del otro, asumiendo funciones que no les corresponden–, de qué modo pueden interactuar, qué estrategias son apropiadas para cada momento, con qué recursos van a contar, etc.

En este artículo vamos a trazar unas cuantas pinceladas en las que mezclaremos consejos teóricos, dirigidos a las familias, con modestas sugerencias prácticas que simplemente pretenden demostrar que «cocinar» lectores no es una labor imposible, sino una odisea apasionante y enriquecedora. Y no sólo para los nuestros sino también para los adultos que se embarcan en ella con la mente abierta y el corazón dispuesto a derrochar amor, ternura y palabras bellas.

¿Leerles y contarles a los bebés?
Esta pregunta nos la han formulado infinidad de padres y madres interesados en la formación lectora de sus hijos. Algunas publicaciones y algunos seudoespecialistas consideran innecesario, incluso absurdo, mostrarles libros a los bebés o contarles cuentos. ¡Son demasiado pequeños! No vamos a entrar en polémicas. Tan sólo recordaremos, como quien no quiere la cosa, que en nuestras mejores bibliotecas públicas –Guadalajara, Donostia, Can Butjosa…– y en las de países con tanta tradición bibliotecaria como Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, funciona a pleno rendimiento la bebeteca, un rincón al que acuden los padres con sus bebés para ir descubriendo la magia de la lectura.

Una cosa es incuestionable, científica y pragmáticamente probada: a los bebés les encanta escuchar la voz humana. Disfrutan cuando la madre se dirige a ellos y, por tanto, ¡qué mejor forma que la oigan a través de esa nana, cancioncilla, juego de palabras, adivinanza, canción de corro, o relato breve!

Cuando los padres cuentan o leen a su bebé, éste va asociando inconscientemente la palabra, los libros, con lo que él adora: su cercanía y su ternura. Pero no sólo tienen que escucharnos, también pondremos a su alcance los libros para favorecer su acercamiento físico y multisensorial: los tocará, morderá, escuchará, mirará… con apasionado interés explorativo, del mismo modo que lo manosea todo.
 

  • Empiece, por tanto, acompañando las rutinas diarias (comida, baño, aseo, juego) con canciones de cuna y folclóricas. Muestre al pequeño libros de colores brillantes, con dibujos simples y texto rítmico que nosotros le regalaremos. Libros de cartón, plástico y tela, resistentes, agradables al tacto, con sonidos y texturas variadas. Coja al nene en su regazo de forma que pueda ver el objeto libro y acariciarlo con sus manitas.
  • Mientras habla y lee a su bebé, señálele los dibujos y asegúrese de que su niño vaya descubriendo todas las posibilidades divertidas que pone a su alcance el libro.
  • Varíe el tono de su voz según el texto o los personajes de los cuentos, cante cuando se trate de rimas, gesticule con gracia y sencillez e incorpore efectos de sonido que puedan estimular la atención de su bebé.
  • Haga sesiones breves y ágiles de lectura o juego en torno a los libros, pero no olvide hacerlas todos los días (pero, ojo, no se trata de una obligación, sino de algo que usted se impone libremente porque le llena de gozo).

La conversación relajada también lleva a la lectura
Todo lo que usted puede contar a su hijo preescolar resultará excitante para él si percibe que está siendo usted auténtico. Cuando usted habla de sus pequeñas aventuras cotidianas, ayuda al niño a descubrir que el lenguaje conecta su mundo interior con los demás. Así irá sintiendo la necesidad de expresarse.

Si el clima que usted crea es relajado y cordial estará ayudando al niño a expandir su vocabulario y a comprender el mundo. Habituándole a seguir una conversación estará desarrollando su habilidad para leer. Pero hablar con alguien es permitirle participar en la conversación, no someterle a un aluvión de palabrería. Hable a su hijo, pero también escúchele con gozo e interés.
 

  • Charlen animadamente cuando desayunan, cuando van en el coche, mientras preparan la comida, durante los paseos por el parque, mientras se bañan, en el supermercado, en la sala de espera del médico… ¡siempre que puedan! Pero no lo hagan de cualquier manera, tengan ciertas cosas presentes: nuestra intervención tiene que ser estimulante, incitadora, movilizadora de respuestas ingeniosa, divertidas o razonadas. No es hablar por hablar, es charlar para crecer.
  • Cuando paseemos por la calle, por ejemplo, dirigiremos su atención hacia objetos curiosos, personas con aspectos llamativos, rincones ricos en estímulos. Preguntemos al niño por las semejanzas y diferencias entre los objetos, o qué pasaría si..., «te imaginas que de pronto…»
  • Y al mismo tiempo, contestemos pacientemente a sus interminables «¿por qué?». Pero hagámoslo con honestidad (a veces hay que decir: «No lo sé») y habilidad: «¿Por qué no lo buscamos en algún libro?» El niño descubrirá la importancia que le damos a los libros y el enorme potencial de esos «objetos mágicos» que todo lo saben.
  • Cuando su hijo le cuenta algo que le ha sucedido o ha visto, hágale preguntas que le ayuden a ser más preciso y a ordenar sus ideas. Estará capacitándose para narrar historias y comprobando que sus cosas le interesan a usted.
  • Haga que su ocio sea creativo y variado: talleres de expresión y comunicación (plástica, mimo, expresión corporal…), visiten la biblioteca pública, los museos (¡para que disfrute y descubra, no vaya usted a sepultarle en un océano de objetos e ideas que no está preparado para asimilar!), el zoo. Paseen por el parque, hagan deporte juntos, visite a amigos y familiares. Charlen sobre cada experiencia, comenten anécdotas, pregunten y respondan... ¡Únanse a su hijo a través de la palabra!

Lecturas a dúo con mucho ritmo
Recuerde en todo momento que el protagonista de todo el proceso es el niño. Por eso hemos de servirnos de todo tipo de recursos y trucos para lograr su participación. Cuando un texto tiene elementos que se repiten, la lectura se convierte en un juego gozoso porque el niño puede predecir lo que usted va a leer y eso le da seguridad.

El niño podrá anticipar lo que va a pasar en el cuento o poema, se sentirá dueño de la historia y osará a probar: la próxima vez que llegue la frase que conoce la repetirá a coro con usted y notará la sensación de que «está leyendo».
 

  • Cuando lea estos cuentos o poemas con frases repetitivas, hágalo despacio. Y cuando llegue la frase que el niño domina, guíñele un ojo o hágale un gesto cómplice que le prepare a la participación y que le deje claro que usted valora mucho su «lectura».
  • Podrá conseguir que el niño se atreva a inventar fragmentos del texto que usted valorará siempre, aunque no coincidan con la propuesta del autor literario.

Poemas con todo el cuerpo
El niño pequeño se siente hechizado ante la poesía, tal vez por su frescura, tal vez por su musicalidad y ritmo. Por eso debemos sacar a la literatura lírica todo su jugo.

Cuando lea poemas a su hijo acompañe sus palabras con dibujos figurativos o abstractos y con movimientos corporales para que el pequeño se sienta animado a imitarle. Estará creciendo como lector al conectar sus sentimientos con la palabra escrita que usted hace volar con su voz.
 

  • Lea lentamente un poema a su niño poniendo expresividad no sólo en su voz sino también en su rostro y en todo su cuerpo. Procure que sea un texto que hable de personajes infantiles.
  • Sugiérale que repita los versos que va usted recitando.
  • Pídale que exprese con gestos lo que está sintiendo o haciendo el personaje.
  • Reciba las intervenciones del niño con entusiasmo, no con afectación fingida.
  • Cuando él se sienta preparado, propóngale organizar un pequeño recital a dúo para la familia. Sentirá que su palabra y su expresión corporal son valoradas por todos.

Comentando nuestras lecturas
Hable con su hijo acerca de lo que usted está leyendo –incluso de sus lectura realistas (prensa)–, igual que acerca de los cuentos que están compartiendo usted y el pequeño. Él desarrollará su vocabulario, asociará los cuentos con la vida diaria y usará lo que sabe para darle sentido a sus lecturas.
 

  • Léale lentamente, haciendo pausas que faciliten sus preguntas y comentarios. Pregúntele: «¿Tú qué crees que pasará después?» O:«¿Será una serpiente venenosa?» O dirija su atención hacia las ilustraciones: «Seguro que en este dibujo está la llave mágica, pero no la encuentro. ¿Me ayudas?»
  • Conteste las preguntas de su hijo, pero intentando devolvérselas activando sus conocimientos para que sea él mismo quien encuentre las respuestas.
  • No se empeñe en que lo comprenda todo. Se trata de un rato de lectura compartida gozosa, no de una clase de comprensión lectora. La historia ha de fluir suavemente.

Aprendiz de contador
El niño tiene una gran capacidad mimética, disfruta sobremanera imitando a sus padres porque cuando es pequeño siente hacia ellos admiración y afecto. Si usted le cuenta con pasión, él no tardará mucho en tomar la alternativa.
Será fundamental la acogida que usted le confiera porque tener un público atento, amoroso y comprensivo le ayudará a mejorar su uso del lenguaje, pero sobre todo a ganar autoestima y seguridad en su expresión verbal.
 

  • Invítele –tal vez no haga falta – a relatar cuentos como los que usted le regala cada día. Escúchele atentamente y con una sonrisa entusiasta. Interactúe, responda a sus provocaciones («¿sabes, mami, lo que pasó?») y pregúntele para aclarar dudas (aunque lo que estará pretendiendo es ayudar al niño a narrar con mayor efectividad).
  • Con toda su dulzura, pídale una mejor vocalización o la explicación de una frase un tanto confusa. Así el niño descubrirá la necesidad de emplear un vocabulario amplio y preciso y de pronunciar con claridad.

En la elección está el éxito
Sea meticuloso a la hora de seleccionar los libros que pondrá en manos de su hijo y en las lecturas que le regalará cada noche antes de acostarse. Tienen que ser historias que le agraden tanto a usted como al pequeño. En estas primeras experiencias de lectura se estará usted jugando mucho. Porque si consigue cimentar el edificio de la formación lectora de su hijo sobre una estructura rica y estimulante, el itinerario lector del muchacho será sin duda luminoso.

No todo vale, ni todo es válido para cualquier momento. Tenga en cuenta en todo momento el nivel de desarrollo de su hijo, no sólo en su proceso de aprendizaje de la técnica lectora (la maestra le orientará sobre este aspecto), sino también en los aspectos afectivos, psicológicos y sociales del pequeño.

Cuéntele historias que le aporten algo, que le enriquezcan, pero que él perciba como una experiencia posible, no como una acción imposible para él. Tiene que sentirse capaz de imitarle a usted en algún momento; por tanto, cuide usted muy bien la selección del texto, no vaya a ser demasiado complejo para el niño y éste sienta rechazo hacia la lectura porque «no se vea capaz de…» hacer lo que usted hace.
 

  • Intente mejorar su formación sobre lecturas infantiles: lea revistas especializadas, asista a charlas sobre el tema en la escuela, la biblioteca o el centro cultural.
  • Mientras tanto, pida consejo a los maestros, amigos y vecinos, que podrán sugerirle estrategias y títulos que a ellos les han dado buen resultado.
  • Hágase socio de la biblioteca pública del barrio y consiga también para su niño el carné de usuario. Pida al bibliotecario que le ayude a seleccionar sus lecturas y las que ofrecerá a su hijo. Lleve al pequeño con usted para que asista a su modo de proceder y pueda curiosear en las estanterías y ayúdele a hacer su elección.
  • Hojee las reseñas de libros infantiles recomendados en los periódicos y revistas.
  • Visite con su hijo la librería de confianza, pida orientación al librero y haga de la compra de libros una actividad habitual, no la excepción que acompaña a determinadas fiestas.

Kepa Osoro